viernes, 2 de diciembre de 2016

 

Morada de Dios

“Y traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, por ofrenda a Jehová, en caballos, en carros, en literas, en mulos y en camellos, a mi santo monte de Jerusalén, dice Jehová, al modo que los hijos de Israel traen la ofrenda en utensilios limpios a la casa de Jehová” (Isaías 66:20)

PASAJE COMPLEMENTARIO: 2 Crónicas 30; Salmo 132:11-18; Isaías 66

En la Palabra de Dios frecuentemente encontramos frases como estas, que llegan a constituirse en oraciones permanentes que el mismo Dios nos enseña para que cultivemos la fe y el anhelo por visitar su tierra, el sitio que escogió como morada para sí. Subir a Jerusalén y llevar a alguien con nosotros, es como presentar ofrenda agradable a Dios, es honrar al Padre, es rendir homenaje al Rey. Hubo un hombre en la historia del pueblo de Israel, el rey Ezequías, quien había descubierto que la mejor manera como él podía consolidar su reino y alcanzar la bendición de Dios para su pueblo, era ejecutando lo bueno, recto y verdadero delante de Él, teniendo en cuenta todos sus mandamientos y buscándolo con todo su corazón. Así, que convocó a todo el pueblo de Israel, a todos los habitantes de las diferentes ciudades conquistadas, a reunirse en la casa de Dios en Jerusalén, con motivo de la celebración de la fiesta de la Pascua. La Biblia nos cuenta que Ezequías pasó invitación y realizó un sentido llamado a todos los habitantes de Israel, para que viniesen a honrar a Dios a Jerusalén y lograran así su misericordia para librarlos de sus enemigos que los rodeaban. Sin embargo, muchos se burlaban de él y no acudieron a la cita, y fueron precisamente las ciudades invadidas posteriormente por los asirios. Pero todos aquellos que acudieron a Jerusalén fueron bendecidos y prosperados, y de Ezequías quien siempre buscaba agradar a Dios, la Biblia nos dice: “en todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la Ley y los Mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado” (2 Crónicas 31:21) Así como la bendición y la prosperidad de grandes hombres de la Biblia, está relacionada con su amor a Jerusalén y con la clara visión que de ella tenían como la ciudad de Dios, así también nuestra vida puede ser grandemente bendecida si oramos a Dios para que nos revele el significado de esta tierra especial; si alimentamos el anhelo de visitarla; si vamos y también llevamos a otros; si reconocemos que en ella, al igual que al lado de una madre, los seres humanos recibimos el Consuelo de Dios, somos mimados y reverdecidos, somos bendecidos y prosperados.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre Santo, bendito y alabado sea tu nombre, y bendita la ciudad donde has colocado tu estrado. Bendito seas por proveernos a través de ella el consuelo, la ternura y los mimos de una madre. Gracias por confirmar a Jerusalén como la ciudad eterna, Amén”.

 

18/01/2016

 

“Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1 Timoteo 1:5)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Jeremías 18:3-6; Filipenses 1:6

Amor, corazón limpio, buena conciencia y fe. Con estas cuatro preciosas características, es engalanado el hombre o la mujer que reconoce que el mandamiento de Dios no es otra cosa que su amor y su profundo anhelo de que seamos felices. ¿Por qué otra razón nuestro Padre celestial se tomaría el trabajo de dar al pueblo de Israel estos preceptos escritos por su propio dedo?, ¿acaso no dice la Biblia que su propósito era que llegaran a ser un pueblo especial, sabio y entendido más que todos en la tierra? O, ¿de qué otra manera podemos entender que el mismo Dios, a través de su Hijo, haya venido a cumplir la ley para demostrarnos la pureza y la benevolencia que ella encierra?.

Aceptar la perfecta voluntad de Dios, expresada en sus mandamientos, nos permite recibir el tratamiento necesario para experimentar salud total. Es un proceso que se lleva a cabo durante toda nuestra vida, y que debemos estar dispuestos a recorrer, pues es su Palabra la que puede liberarnos de nuestra antigua manera de ser para llevarnos a experimentar la vida con victoria y poder.

Dios se ha trazado un objetivo con nosotros. Así como un alfarero talla, moldea y afina con toda dedicación y amor la obra de sus manos, nuestro Padre también nos ama y desea que seamos hijos excelentes. Por eso, con su amor que excede todo conocimiento, y con la sabiduría de un extraordinario alfarero, completa día a día su obra en nosotros, a medida que amamos sus mandamientos y los aplicamos a todos los aspectos de nuestra vida. Entonces podemos decir junto con el salmista: “Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan; pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos” (Salmo 119:1-3).

HABLEMOS CON DIOS

Señor, hago esta oración con todo mi corazón, pidiéndote que sigas haciendo tu obra en mí. Haz el tratamiento que mi corazón necesita, me dispongo para ello, rogando al Espíritu Santo que me ayude a interceder ante mi Padre Celestial. Amén.”

 

Martes, 11 de noviembre de 2015.

La familia y la fe

“El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive, y creyó él con toda su casa” (Juan 4:53)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 4:46-54, Génesis 26:1-5; Éxodo 2:23-25

Cuando estemos convencidos de la importancia de la ayuda de Dios en aquellas cosas que no logran resolver ni el dinero, ni la fama, ni la ciencia, ni nada de lo que ofrece el mundo, y especialmente aquellas situaciones que tienen que ver con lo que tanto amamos; entenderemos que lo que verdaderamente necesitamos para ver un milagro, es la fe en Dios.

Hay muchos testimonios y enseñanzas en la Palabra de Dios, de personas que fueron sanadas de enfermedades de toda clase, personas que estaban muertas y volvieron a la vida, otros azotados por demonios, etc. Estos hechos demuestran el poder sobrenatural de Dios, haciéndonos entender que para Él no hay nada imposible.

Tal fue el caso del hijo de un oficial que cayó gravemente enfermo; este oficial, llegó hasta donde Jesús estaba, para pedirle que sanara a su hijo, quien estaba a punto de morir. Las palabras alentadoras que escuchó de Jesús fueron: “regresa a tu casa, tu hijo vive”; este hombre creyó que Jesús había sanado a su hijo, y efectivamente así sucedió. Las palabras de Jesús fueron lo suficientemente convincentes para llenar de fe el corazón de este padre angustiado.

Tal fue la fe que se apoderó de este hombre, que toda su familia creyó en Jesús; he aquí el impacto que puede generar un hombre en su familia, cuando pone su mirada en Dios, entendiendo que “al que cree todo le es posible”. Aquí tenemos la fe de un padre que le creyó a Dios, y esa fe, hizo que toda su familia creyera y pusiera su confianza en el único y verdadero Dios.

La fe trae respuestas a necesidades de nuestra familia, que nadie más puede suplir. Por tanto, el mayor bien que hoy podemos hacer como padres por nuestros hijos, es acercarnos a Jesús, con una fe inquebrantable que nos lleve a vivir de tal manera que nuestros hijos encuentren en nosotros el mejor ejemplo a seguir y un verdadero modelo digno de imitar.

Dios siempre tiene un mensaje de consuelo y esperanza para todo padre que reconozca que en sus propias fuerzas no puede asegurar el cuidado o el bienestar de sus hijos y se acerque humildemente a su Padre Dios para recibirlos de su mano.

¿Está usted confiando en Dios para la felicidad y el bienestar de sus hijos?

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor hoy te ruego que me des un corazón humilde para reconocer que todo el amor que le tengo a mis hijos no es suficiente para protegerlos y guardarlos del peligro y sufrimientos. Te necesito a Ti, eres mi más grande seguridad. Enséñame a ser el hijo que Tú deseas, que te honre, que te obedezca, que te sirva. Así seré el padre que Tú quieres, el que mis hijos y mi familia necesitan. Gracias porque ahora si sé como cuidarlos, cómo hacerlos felices y proporcionarles seguridad. Amén.”

08/01/2016

Orar a Dios, descanso seguro

“Mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal” (Proverbios 1:33)


  PASAJE COMPLEMENTARIO Salmo 23:1-6


  Qué palabras tan alentadoras para una época donde es común mirar a nuestro alrededor y encontrar que una gran cantidad de personas viven preocupadas, llenas de temores y tristezas, y embargadas por un profundo sentimiento de inseguridad. Esto sucede porque la mayoría de los seres humanos colocan su confianza en aquello que les muestran sus sentidos, en lo que el mundo les ofrece. Aunque todas estas cosas satisfacen temporalmente su necesidad de paz y bienestar, y les permite proyectar la imagen del superhombre, su realidad es muy diferente. Lamentablemente, terminan cayendo en el espejismo del éxito; viviendo para mantener la imagen de realización y felicidad, mientras que la vida interior se desmorona, los conflictos se hacen más fuertes, y el desasosiego termina por invadir el alma.
  Mientras tanto, Dios habla y sus Palabras nos dan la clave para vivir verdaderamente seguros y ser realmente felices:
“Mas el que me oyere”. Pareciera una condición sencilla para la enorme bendición que trae, a tal punto que muchos pueden tomarla a la ligera, pero lo cierto es que oír implica estar dispuestos cada día a leer la Biblia, apropiarse de ella y dejar que rija nuestra vida, estando totalmente dispuestos a obedecer sus sabias instrucciones.
“Habitará confiadamente”. Es el resultado inmediato de escuchar las palabras de Dios y darles un lugar prioritario en nuestro corazón. Es entregarle a Él todas las circunstancias de nuestra vida, familia, salud, trabajo, teniendo la plena confianza que Dios tiene cuidado de nosotros.
“Vivirá tranquilo, sin temor del mal”. Se refiere a ser libre de todo lo que nos agobia. Disfrutaremos de la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento y ser guardados de todo mal, para caminar victoriosos por la vida.
 

HABLEMOS CON DIOS
“Señor Jesucristo, hoy tomo la decisión de descansar en ti, de poner mi confianza en tu palabra, de entregar todas las áreas de mi vida a tu cuidado. Entiendo que esto implica ser obediente a tus estatutos y principios, pues sólo así podré ver tu ayuda en aquello que yo solo no alcanzaría: Ser feliz y hacer feliz a mi familia.”

Fecha: 23/08/2015

El amor incondicional de Dios

 

 “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Efesios 3:14-21

Muchos ya no quieren comer o dormir por pensar en un amor, muchos otros pierden la ilusión de vivir si llegan a perder un amor, muchos darían cualquier cosa, lo que le pidieran, por un poquito de amor. Otros, por el contrario, hacen enormes sacrificios, grandes hazañas y actos heroicos por amor. Sin embargo, estas son sólo concepciones y manifestaciones humanas del amor. Entonces, usted se preguntará ¿Qué es el verdadero y completo amor? ¿Dónde encontrarlo?

Para responder a esta pregunta, debemos empezar por decir que el amor no es un sentimiento, tampoco es una emoción como muchos creen, sino que su esencia misma, es Dios, como lo dicen las mismas Escrituras. Esto nos muestra que cuando le permitimos a Dios actuar en nuestra vida, no solo nos llena, sino que nos da la oportunidad de compartirlo con otros y seguir sintiéndonos igualmente satisfechos, lo cual nos indica que su naturaleza, es espiritual y por lo tanto solo es transmitida por Dios a nuestro espíritu.

No hay amor humano que pueda compararse con el amor de Dios, puesto que el hombre es un ser limitado, finito, y todo lo que él siente o hace, lleva esa marca, mientras que Dios es infinito, inconmensurable, generoso, eterno, y así es su amor. Para comprender mejor este concepto veamos los ejemplos maravillosos que a diario Dios nos da a través de cosas, pero significativas, como la rosa que se abre cada mañana con sus bellos colores para todos los seres que la quieren ver, o como el sol que sale para buenos y malos, o la lluvia que cae para justos e injustos, o como el canto de los pájaros que deleitan a ricos y pobres.

En otras palabras, este amor que viene de Dios, no hace acepción de personas. Él lo ofrece a toda persona sin distingo, sin discriminación. Por tanto, si deseamos vivir una vida extasiada de éste amor, se hace absolutamente necesario aceptar por medio de la fe en Jesucristo, este amor que viene de Dios. El amor de Dios, no tiene que ver con nuestra conducta, tiene que ver con lo que somos ahora para Dios, sus hijos.

HABLEMOS CON DIOS

“Bendito Padre, qué maravillosa ha sido mi vida desde el momento en que te recibí en mi corazón; me diste a conocer el verdadero amor, ese que jamás se agota, que sobrepasa mis fuerzas y mi lógica, ese amor eterno con el que me has amado. Gracias porque hoy te pertenezco y nada podrá separarme de tu amor, Amén”.