Domingo, 07 de diciembre de 2014

APRENDIENDO A HABLAR CON DIOS

“Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor; Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañanaoirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré” (Salmo 5:1)

PASAJES COMPLEMENTARIOS: Josué 24:15; Salmo 138; Daniel 10:10-12

Debemos comprender que como hijos de Dios, el más grande privilegio que podemos tener es encontrarnos personalmente con nuestro Padre Celestial cada día.

La oración es el factor decisivo para una vida cristiana abundante y feliz. No se trata solamente de orar sino de hacerlo con ansia, anhelo, expectación, como un niño que va al encuentro de su amoroso Padre.

A través de la oración muchos hombres y mujeres son atraídos a Cristo, somos fortalecidos en momentos de debilidad o dificultad, muchas tragedias son evitadas, y se dan soluciones a problemas difíciles, gobiernos pueden cambiar y sobre todo, las fuerzas del mal son derrotadas.

Es muy interesante conocer lo que la oración significaba para grandes hombres que experimentaron el poder de Dios en sus vidas y fueron totalmente prosperados. Un ejemplo de búsqueda constante y genuina de Dios, es el rey David. Cada día, expresaba su sentir y su clamor, esperando respuesta a su oración. Para Él, como para los grandes hombres de fe de la Biblia, buscar a Dios cada mañana, no se constituía en una obligación moral, ni en un amuleto, tampoco en una tradición, era la actividad normal de todo hijo que sabe que lo más importante, en su diario vivir, es ponerse de acuerdo con su Padre desde el primer momento del día. Muy temprano se levantaban para oír la voz de Dios.

Este devocional personal, representaba el maná del cielo, el sustento de sus vidas, el río de agua viva que no puede dejar de fluir.

¿Quiere convertirse en un hombre victorioso? Le invito a que acepte el reto de ser sacerdote de su familia. Cultive con su esposa y con sus hijos, este tiempo diario en célula celestial. Serán los momentos más provechosos de su vida y los que le darán, los mejores dividendos.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, ayúdame a ser un hombre (mujer) de fe. Que buscarte cada día se convierta en mi más grande prioridad. Que tu Santo Espíritu me capacite para transmitir mi fe a mi familia y que cada día, pueda orar trayendo bendición a sus vidas”

Editorial: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 389

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