Santiago, viernes 23 de Enero de 2015

A la altura de un hijo de un rey

“Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:9-10)

PASAJE COMPLEMENTARIO 1 Crónicas 17:1-27

Este hermoso pasaje profético hace referencia a la extraordinaria obra de la salvación. Dios envía a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree, sea salvo. Su sangre nos redime, nos limpia y nos perdona. Al recibir a Cristo en el corazón como Señor y Salvador, una persona recibe el regalo de la vida eterna y comienza en ella un proceso de transformación. El Padre comienza a moldear en esa vida el carácter de Cristo, la misma imagen de su Hijo. De esta manera cumple su propósito de sacarnos del anonimato para revestirnos de su gloria y hermosura. Aún más, nos dice que nos ha hecho reyes y Sacerdotes, y nos promete que reinaremos literalmente, en esta tierra junto a Él. Esto se cumplirá en el milenio, periodo en el cual Cristo reinará en la tierra junto con su iglesia.

Pero el linaje y la realeza es algo que el Rey de Reyes desea que todos sus hijos disfrutemos desde ahora. Por eso, en la Palabra de Dios encontramos abundantes ilustraciones cotidianas y parábolas de fácil comprensión, a través de las cuales nos hace entender lo que ahora somos en Él, y cómo debemos conducirnos y actuar. Una de las más hermosas enseñanzas al respecto, es cuando nos compara con el águila, la reina de las aves, símbolo de belleza, poder y majestuosidad (Isaías 40:31).

Todo cristiano está llamado a desarrollar dos características que le distinguen como hijo de Rey:

-Una vida de altura (calidad de vida): Al entender por revelación lo que ahora “somos” en Cristo, desaparecen los complejos de inferioridad e inadecuación y aumenta nuestra valía. Dejamos de arrastrarnos por el suelo sin gracia y con torpeza, como lo haría un águila que nunca aprendió a volar, y extendemos nuestras alas para remontarnos a las alturas a donde pertenecemos, surcando los cielos con plena confianza y majestuosidad.

-Linaje y Belleza: Al comprender que somos apartados para ser partícipes del linaje de Abraham, dejamos atrás las herencias de maldición, costumbres y pensamientos de Egipto (la esclavitud del pasado) y aprendemos como el águila (es selectiva pues no come lo que se le aparece sino lo que le apetece), a buscar la excelencia en todo lo que somos y hacemos.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor, infinitas gracias por el precioso regalo de la Salvación. Porque fuiste inmolado por mí y con tu sangre me redimiste. Me diste libertad y el poder para dejar atrás un pasado de muerte y esclavitud. Borraste las huellas que el pecado me dejó. Ahora, enséñame a sentirme como rey, a conducirme como rey. Que tu Santo Espíritu hoy me dé el poder que necesito para comenzar a volar”

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