Miércoles, 11 de febrero de 2015

 

Procurando la justicia

“Bienaventurado los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:10)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Hechos 16: 11-40

Todo aquel que vive para agradar a Dios es bienaventurado. Por consiguiente, debemos sentirnos felices de tener a Cristo en nuestro corazón, y esa bendición es la que nos lleva a cumplir sus mandatos, obedeciéndolos, poniéndolos por obra y enseñándolos a otros. Muchas veces el vivir esta clase de vida nos puede acarrear burlas, desprecios o hasta una abierta persecución. De hecho, la Biblia nos advierte que por la dureza del corazón de los seres humanos, llegarán días en que las gentes llamarán bueno a lo malo y malo a lo bueno, y condenarán a todos aquellos que hacen lo recto delante de Dios (Isaías 5:20).

Pero esto, en ninguna manera nos puede desanimar o entristecer nuestro corazón; en lugar de eso, hagamos lo que hicieron Pablo y Silas cuando fueron golpeados y encarcelados: oraron y cantaron himnos de alabanza a Dios.

Bienaventurado es una palabra que expresa una condición de prosperidad, esperanza y gozo multiplicados. Sólo Dios nos puede ofrecer hacernos bienaventurados, pues nadie más tiene la capacidad de darnos una felicidad tan completa y suprema. El Señor Jesús declaró estas afirmaciones de bendición en el famoso sermón del monte, llenando desde entonces los corazones de verdadera esperanza y definiendo además, un verdadero estilo de vida para todos los creyentes. Respecto a esta bienaventuranza en particular, la promesa está dada para todos aquellos que aman y procuran la justicia. Este pasaje nos indica que si queremos actuar en justicia, debemos vivir para ser testigos fieles del amor de Dios, de tal manera que otros también lo puedan conocer y ser también, transformados y regenerados por su amor. Esto implica muchas veces, ser incomprendidos y hasta perseguidos, pero nunca podemos perder de vista que nuestra recompensa es el reino de los cielos abierto sobre nuestra vida. Esto no es otra cosa que una vida plena de sentido y de realización, con el más profundo sentido de eternidad.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre amado, gracias porque esta promesa de bendición me llena de alegría y de esperanza, al comprender que vivir en rectitud e integridad delante de ti, haciendo todas las cosas para agradarte, ¡vale la pena! Que tenga siempre presente que tus ojos observan a los seres humanos para recompensarlos conforme a sus obras. Pero, gracias te doy también porque hoy he comprendido que tengo la responsabilidad de sembrar tu justicia en esta tierra, pagando el precio que sea necesario, así que me comprometo a vivir para ser tu testigo fiel y comunicar a otros tu preciosa justicia”

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