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Categoría: Devocional
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Jueves, 19 de febrero de 2015.

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, esa será alabada. Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos” (Proverbios 31:30-31)


PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 4:1-42

En su infinito amor, Dios creó a la mujer obedeciendo a un plan perfecto que tenía por objetivo completar y perfeccionar la creación y bendecir al hombre. Nuestro Padre consideró que no era nada bueno para el hombre, y por tanto para la sociedad, estar solo. Dios no encontró otra ayuda más idónea y perfecta para el hombre en su tarea de administrar el mundo, como la mujer. Le dio una naturaleza sensible y maternal capaz de ejercer una poderosa influencia en las personas y en el entorno. Le creó a su imagen y semejanza, capacitada para dar y prodigar ese amor que Él puso en cada una, de tal forma que pudiera transmitir bendición, belleza y armonía a su alrededor.

Sin embargo, muchas mujeres desconocen su origen en Dios y no tienen en cuenta su naturaleza espiritual para conocerla, cultivarla y desarrollarla. Buscan desesperadamente la vida con sentido y felicidad que sólo Dios puede darles, en satisfacciones pasajeras, viviendo para el momento, dándole trascendental importancia a lo material y temporal, lo cual le produce una profunda sensación de vacío, temor y soledad.

Pero Dios, en su gran misericordia, hace un ofrecimiento de vida y salud total para toda mujer que se acerque a Él, reconozca que le ha perdonado a través de su Hijo, quien es su Salvador, y haga una entrega genuina de su vida a Cristo. Tal como dijo a la mujer samaritana en el hermoso pasaje bíblico de Juan 4, Jesús sigue ofreciendo a toda mujer, la fuente de su verdadera felicidad y realización: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”

¿Desea usted recibir verdadera admiración? Cultive su belleza interior, la que viene de un espíritu conectado con Dios.

HABLEMOS CON DIOS

“Muchas Gracias Padre, por darnos el regalo de ser mujeres. Queremos estar siempre unidas a ti, para encontrar esa vida con sentido y felicidad que tanto anhelamos. Gracias por darnos en Jesucristo esa fuente inagotable de amor, que opera desde nuestro interior, transformándose en belleza y armonía, y tocando todo a nuestro alrededor, convirtiéndonos en mejores esposas, mejores madres, mejores líderes… en mujeres felices. Hoy descubro que tú eres el mayor tesoro de mi vida y que una vida consagrada a ti, dará como resultado la conquista de nuestra felicidad y la de aquellos que nos rodean, mientras trazas con tu pincel de amor aquellos rasgos de belleza y majestuosidad, que hacen de cada una de nosotras, verdaderas reinas.”

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