Jueves, 12 de febrero de 2015

 

Protección sin límites

“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos” (Salmo 18:1-3)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 18:1-50

¡Qué hermosa alabanza! Este es el reconocimiento de una persona que ha vivido tomada de la mano poderosa de Dios, que no tiene limitaciones para reconocer quién es Él, pues se ha sentido totalmente respaldada, cuidada, protegida, guiada y acompañada por su Señor y Salvador. Muchas veces, el ruego del salmista pidiendo que Dios fuera su refugio, invocándole permanentemente, no era otra cosa que el anhelo de estar en su presencia y contemplar su rostro, una meta que sólo tiene sentido para aquel que ama profundamente a Dios. Mientras estemos en este mundo, no faltarán tiempos cuando la aflicción, el dolor o el sufrimiento toquen nuestro corazón. Sin embargo, tenemos la esperanza de las promesas del Señor que viene en nuestra ayuda, ofreciéndonos fortaleza y fuerzas para seguir la marcha. En esos momentos es cuando podemos remontarnos a las alturas para colocarnos junto a Dios para decirle: “Señor vengo a ti porque tú eres mi alto refugio, mi torre fuerte en ti confiaré”

Los seres humanos siempre necesitamos sentirnos seguros y respaldados por algo o por alguien; muchas veces y de manera equivocada creemos hallarlo en cosas como el trabajo, estudios, dinero etc., o en una persona: amigos, esposo (a), hijos, etc., pero siempre terminaremos decepcionados, porque jamás el mundo ni los seres humanos podrán darnos la seguridad y la protección que sólo Dios nos puede dar, la cual es ilimitada y puede tomar diversas formas. El rey David caracterizó el cuidado de Dios con algunos símbolos militares defensivos, muy usados en la época, tales como:

Fortaleza: Ciudadela o lugar fortificado, preparado y seguro ante cualquier ataque del enemigo

Roca: Piedra grande, dura y sólida que brindaba protección a manera de parapeto contra las basas enemigas

Escudo: Arma defensiva que cubría, la cual se portaba en el brazo izquierdo y protegía el cuerpo o parte de él, interponiéndose entre la vida del guerrero y el peligro

Alto refugio: Instalación en un lugar alto, fuera del alcance de bombardeos y peligros ¿Cuál es el refugio de su vida?

HABLEMOS CON DIOS

“Padre bueno, enséñame a amarte cada día más y a invocarte constantemente, pues comprendo que soy frágil y vulnerable, y que sólo tú puedes cuidar bien de mí. Que pueda comprender por tu Espíritu, que mi fortaleza radica en cuánto te entregue mi corazón cada día, buscando reconocerte, alabarte y exaltarte con mi vida. Amén”

Miércoles, 11 de febrero de 2015

 

Procurando la justicia

“Bienaventurado los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:10)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Hechos 16: 11-40

Todo aquel que vive para agradar a Dios es bienaventurado. Por consiguiente, debemos sentirnos felices de tener a Cristo en nuestro corazón, y esa bendición es la que nos lleva a cumplir sus mandatos, obedeciéndolos, poniéndolos por obra y enseñándolos a otros. Muchas veces el vivir esta clase de vida nos puede acarrear burlas, desprecios o hasta una abierta persecución. De hecho, la Biblia nos advierte que por la dureza del corazón de los seres humanos, llegarán días en que las gentes llamarán bueno a lo malo y malo a lo bueno, y condenarán a todos aquellos que hacen lo recto delante de Dios (Isaías 5:20).

Pero esto, en ninguna manera nos puede desanimar o entristecer nuestro corazón; en lugar de eso, hagamos lo que hicieron Pablo y Silas cuando fueron golpeados y encarcelados: oraron y cantaron himnos de alabanza a Dios.

Bienaventurado es una palabra que expresa una condición de prosperidad, esperanza y gozo multiplicados. Sólo Dios nos puede ofrecer hacernos bienaventurados, pues nadie más tiene la capacidad de darnos una felicidad tan completa y suprema. El Señor Jesús declaró estas afirmaciones de bendición en el famoso sermón del monte, llenando desde entonces los corazones de verdadera esperanza y definiendo además, un verdadero estilo de vida para todos los creyentes. Respecto a esta bienaventuranza en particular, la promesa está dada para todos aquellos que aman y procuran la justicia. Este pasaje nos indica que si queremos actuar en justicia, debemos vivir para ser testigos fieles del amor de Dios, de tal manera que otros también lo puedan conocer y ser también, transformados y regenerados por su amor. Esto implica muchas veces, ser incomprendidos y hasta perseguidos, pero nunca podemos perder de vista que nuestra recompensa es el reino de los cielos abierto sobre nuestra vida. Esto no es otra cosa que una vida plena de sentido y de realización, con el más profundo sentido de eternidad.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre amado, gracias porque esta promesa de bendición me llena de alegría y de esperanza, al comprender que vivir en rectitud e integridad delante de ti, haciendo todas las cosas para agradarte, ¡vale la pena! Que tenga siempre presente que tus ojos observan a los seres humanos para recompensarlos conforme a sus obras. Pero, gracias te doy también porque hoy he comprendido que tengo la responsabilidad de sembrar tu justicia en esta tierra, pagando el precio que sea necesario, así que me comprometo a vivir para ser tu testigo fiel y comunicar a otros tu preciosa justicia”

Viernes, 06 de febrero de 2015.

La permanente provisión de Dios

Ha dado alimento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto” (Salmo 111:5)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Éxodo 16:1-21; Salmo 37:23-26

Cuenta una historia que una mujer muy humilde era frecuentemente atormentada por un vecino rico y cruel que la menospreciaba por carecer de posesiones y riquezas. Un día, el hombre pasaba cerca a la ventana de la pobre mujer, cuando escuchó una plegaria que ella elevaba a Dios pidiendo tan sólo un pedazo de pan. Al principio trató de conmoverse, pero en seguida, pensó en hacerle una de las tantas burlas que acostumbraba. Fue a su casa y tomando un gran pan duro, se lo lanzó por la ventana, echándose a reír a carcajadas y gritando: “¡Mira que no es Dios, soy yo el que te da el pan!”.

La mujer lo tomó en sus manos y comenzó a darle gracias a Dios en alta voz, por la manera tan rápida como había contestado su oración y sobre todo cómo se le había ocurrido enviar justamente a su verdugo para que se lo entregara. El hombre aburrido, regresó a su casa pensando si realmente Él había sido el instrumento que Dios había usado para suplir la necesidad de la mujer.

Qué hermosa esperanza la que Dios nos da acerca de su provisión siempre dispuesta para todos aquellos que le temen y le buscan, que le reconocen como Padre y como Rey. Sea un individuo, o una familia, o incluso, una nación que busque la bendición de parte de Dios, nada le hará falta.

El problema de muchas personas es que a causa de la dureza del corazón se apartan del Señor y ya no le honran ni le respetan. Prefieren andar en sus propios caminos, en la obstinación de su corazón antes que arrepentirse y volver a la fuente de su provisión. Qué importante y necesario es reconocer que muchas veces nos equivocamos y nos alejamos de Dios, fuente de amor, cuando Él siempre ha estado dispuesto a llevarnos de su mano sobre todo en los momentos difíciles; la felicidad de Él como Padre es que estemos bien (Mateo 7:11).

HABLEMOS CON DIOS

“¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia, cuán infinita es tu bondad! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. Los que te temen serán completamente saciados de la grosura de tu casa, y tú los abrevarás del torrente de tus delicias. Porque contigo está el manantial de la vida, en tu luz veremos la luz”

Lunes, 09 de febrero de 2015

 

El secreto de la paz

“Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Salmo 119:165)

PASAJE COMPLEMENTARIO Juan 14:15-31

En nuestro diario caminar, por lo general, siempre tendremos motivos para experimentar diferentes estados de ánimo, muchos de los cuales se convierten en verdaderos conflictos que nos abaten y nos quitan la tranquilidad. Pero la promesa del Señor es que en medio de cualquier circunstancia adversa, podemos tener paz en nuestro espíritu, sosiego y equilibrio en nuestra alma y aún, bienestar, fuerza y vigor en nuestro cuerpo; esto es posible porque la presencia de Dios, la cual es la fuente inagotable de todo bien y de todo poder, es una promesa inquebrantable que Jesús nos hizo, con tan sólo creer en Él y amarlo a través de nuestra obediencia a sus principios.

Esta fue la preciosa enseñanza que Jesús dejó a sus discípulos, la cual les llenó de consuelo y esperanza. Si amaban a Jesús realmente, vivirían como Él les enseñó, guardarían sus mandamientos y los pondrían por obra, así reproducirían la vida de Cristo por todas partes. Entonces, fruto de este amor verdadero, el Espíritu Santo haría morada en sus corazones y nunca más se sentirían solos; por el contrario, disfrutarían de una paz indescriptible y sobrenatural que quitaría para siempre su temor y su confusión.

Muchas veces nos preguntamos cómo hacer para no equivocarnos, para no tropezar tanto en la vida; o qué tenemos que hacer para poder experimentar a diario esa paz que intuimos, el mundo no nos puede dar. Esta porción de la Biblia es muy clara: La única manera de vivir y disfrutar esa paz completa y verdadera, es amando, meditando y obedeciendo la ley de nuestro Padre Dios.

Es necesario aprender que los mandamientos de Dios no son un código rígido, sino la voz de un Padre que nos ama. Sus leyes nos guardan de hacer y hacernos daño, nos permiten andar en rectitud e integridad delante de Dios y de los seres humanos, nos dan sabiduría para vivir. Por eso el salmista escribe con tanta gratitud, pues en la palabra de Dios él encuentra más que dirección: Halla a Dios mismo y, donde está Dios no falta nada. Donde está Dios, está la paz que tanto anhelamos. A lo largo de mi vida he encontrado que este es el camino más sencillo para ser feliz, vivir en paz y tenerlo todo, ¿y usted?

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Padre, hoy te digo como el salmista: Enséñame tus estatutos. Anhelo mucha paz, pero hoy entiendo que para tenerla debo aprender a amar tus mandamientos y tus preceptos, porque ellos son vida para mí, me llevan por el camino del bien, me guardan de peligros y males, de tropiezos y aflicciones. Ellos me conducen por sendas de excelencia. Hoy decido buscar tu ley, decido buscarte a ti, porque así encontraré tu paz. Amén”.

Jueves, 05 de Febrero de 2015

El secreto de madrugar

“Si tú de mañana buscares a Dios, y rogares al Todopoderoso; si fueres limpio y recto, ciertamente luego se despertará por ti, y hará próspera la morada de tu justicia. Y aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado será muy grande” (Job 8:5-7)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Marcos 1:35; Salmo 143:1-12

Dios como Padre desea que todos sus hijos sean grandes y lleguen lejos. La mayor dicha para un padre es que su hijo le imite e incluso le supere. Así lo expresó el Señor Jesús a sus discípulos cuando les dijo: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre” (Juan 14:12). El Señor estaba seguro de que sus discípulos tendrían extraordinarios logros, pues fruto de aprender como Él, a buscar a su Padre cada día, muy temprano en la mañana, y decidir obedecerle en todo, sus vidas serían llenas de su Espíritu, el cual les capacitaría para hacer milagros, prodigios y señales.

Cuando nos acercamos a Dios, vemos que Él tiene principios muy simples para nuestra vida. Lo único que pide nuestro buen Dios es que le busquemos de mañana, que coloquemos nuestra vida en sus manos y que le obedezcamos, andando en rectitud e integridad; entonces Él luchará por nosotros, nos dará prosperidad, nos guardará en justicia y nos engrandecerá, dándonos una vida con propósito que trasciende hasta la eternidad.

El punto de partida de todo estado de prosperidad y de bendición para el hombre, está en buscar a Dios desde la mañana. Aunque muchos argumentan que al Señor se le puede encontrar en cualquier momento, y eso es absolutamente cierto, hay un amor, una gracia, algo que conmueve el corazón de Dios cuando venciendo nuestra comodidad, hacemos esfuerzos sinceros por encontrarle.

El rey David había aprendido a darle lo mejor a Dios, y esto incluía su tiempo. Su máxima era: “No ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que nada me cuesten”. Por algo Dios lo había traído de una condición tan pequeña, de ser pastor de ovejas, a la más grande, ser el rey de su pueblo Israel. ¿Quiere usted llegar muy alto? Haga de la búsqueda de Dios su máxima prioridad cada día.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor, hoy me presento delante de ti para pedirte que limpies mi vida de todo aquello que estorba mi comunión contigo, de todo aquello que en mí te desagrada. Decido vivir en rectitud e integridad, haciendo sólo tu voluntad. Comienzo hoy decidiendo darte lo mejor de mi tiempo, lo mejor de mi vida, buscarte muy temprano cada día”