Lunes 02 de febrero de 2015

“Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado de vosotros” (2 Crónicas 15:2)

PASAJE COMPLEMENTARIO 2 Crónicas 15:1-15; Isaías 55:1-11

Un padre encargó un día a su hijo la tarea de retirar una pesada roca que obstaculizaba el paso por el camino, aclarándole que hiciera uso de todas sus fuerzas. El niño hizo varios intentos sin poder moverla ni un centímetro. Finalmente rendido vino a su padre y le declaró su fracaso. El padre le recordó que le había dicho: “Con todas tus fuerzas” y no había hecho uso de ellas, pues nunca se había acercado a su padre a pedir que le ayudara. “Todas”, quería decir las fuerzas del niño sumadas a las de su padre, quien estaría dispuesto a ayudarle.

Así también nosotros, muchas veces experimentamos desánimo y preocupación ante nuestra situación personal o ante el panorama del mundo actual, sin entender del todo que como hijos de Dios contamos por herencia con todo lo que a Dios le pertenece: Su amor, su paz, su poder. Buscar a Dios, estar con Él, constituye la mayor garantía de que Él estará con nosotros, que no nos dejará solos y que nada nos hará falta.

La palabra de Dios constantemente nos invita a buscar a Dios para depositar en Él nuestras necesidades puesto que es el único que tiene autoridad y control sobre todas las situaciones de nuestra vida, dándonos la seguridad de que le encontraremos. El problema viene cuando corremos a otros caminos y tomamos decisiones no correctas, y desde luego viene el momento que no sabemos qué hacer. Pero, si al reconocer nuestra impotencia venimos a Él, Dios viene en nuestra ayuda.

HABLEMOS CON DIOS

“Mi buen Padre, hoy me acerco a ti como hijo, apropiándome del derecho que el Señor Jesús ganó para mí, de estar contigo, disfrutar de tu tierna compañía y recibir tu bendición. Aunque me diste libertad, yo quiero hacer uso de ella para decidir estar contigo siempre y seguir tu dirección. Cada día te buscaré como el ciervo que clama por las corrientes de las aguas. No quiero estar separado de ti, pues como el pámpano separado de la vid, nada podría hacer”

 

Martes, 27 de Enero de 2015.

El privilegio de interceder

“Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia” Habacuc 3:2

PASAJE COMPLEMENTARIO: Génesis 18:16-33

Hoy en día los hijos de Dios tenemos la gran responsabilidad de ser intercesores y ser verdaderos adoradores, ser intercesores significa tomar las necesidades espirituales de una nación en crisis y presentarlas ante el Señor; y fruto de esa intercesión tomar el firme compromiso de llevar el mensaje del Señor a toda persona.

Sabemos que Dios es amor, y que su misericordia es para siempre, pero esto no quiere decir que el Señor no haga cumplir su juicio sobre la tierra; saber esto nos tiene que llevar a temer al Señor y a su palabra, pero también a confiar en Él. Una persona que aprende a interceder lo hace tomando el ejemplo del profeta Habacuc. Su intercesión fue oportuna, él conocía el poder de Dios, conocía muy de cerca su inmensa bondad, y por eso se atrevió a orar y esperar que Él hiciera según sus designios.

Conocer la justicia del Señor no debe producirnos miedo o inseguridad, pues con Él estamos seguros; el miedo no puede ser un pretexto para volvernos intercesores, pues basta observar a nuestro alrededor y ver cuánta necesidad hay en la gente del conocimiento del Señor. La condición de un pueblo que no teme a Dios es fatal, pero basta hacer memoria de las misericordias del Señor para seguir creyendo que podemos hacer algo, que mientras nosotros los hijos de Dios nos preocupemos sinceramente por ser luz en medio de las tinieblas y ser anunciadores de buenas nuevas, nuestro Padre celestial será propicio a ese clamor.

Debemos estar plenamente convencidos que la bondad del Señor siempre nos alcanzará y que en su poder está nuestra fortaleza y nuestro alto refugio.

 HABLEMOS CON DIOS

“Padre Celestial hoy en tu presencia hago memoria de tus maravillas las cuales no puedo contar, pero también en este día imploro por la necesidad espiritual de este país, porque veo que no te conocen y no te temen; enséñame a interceder cada día, creyendo firmemente que aunque hagas cumplir tus juicios, nosotros tus hijos estaremos amparados en tu bondad. Amén”

17 de diciembre de 2014

La recompensa a un corazón perfecto

«Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con Él» (2 Crónicas 16:9a)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 73; Proverbios 15:3, Hebreos 4:13

¡Qué verdad tan alentadora la que el Señor nos comunica para vivir este día! Cuánta esperanza y alegría debe brotar de nuestro corazón, al entender y creer las palabras que nos dice hoy.

Sus ojos contemplan toda la tierra, no hay nada que se escape de su conocimiento, ni siquiera el corazón; ese lugar, donde se asientan los pensamientos más íntimos, donde se esconden las verdaderas intenciones y se originan las actitudes determinantes de la vida en los hombres.

El corazón «perfecto» para con Dios es aquel que recibe permanentemente el consejo divino, donde quiera que esté, y en cualquier circunstancia, entonces produce sabiduría y cordura y recibe bendición de Dios, prosperidad y poder.

No será oculto a los ojos de Dios, el hombre íntegro, que hace bien, que se mantiene recto, que conserva derecho su camino, que practica la justicia, que habla la verdad, y que no hace mal a su prójimo; éste estará en pie, no resbalará, no caerá, porque Dios será su escudo, su defensa y su victoria. No vacilemos en mantenernos íntegros en un mundo de engaño y de mentira, para que el poder de Dios sea manifestado a favor de nosotros y de nuestros hijos.

Un corazón perfecto es todo lo que necesitamos; no hombres infalibles, sino hijos dispuestos a obedecer por amor a su padre Dios, que reconozcan su permanente necesidad de Él, y que sujetándosele, puedan experimentar la libertad que les concede para comprometerse con la libertad de otros, pues sólo el que es verdaderamente libre, puede conducir a otros por el camino de libertad.

HABLEMOS CON DIOS:

“Amado Señor, gracias por elegirme para ser parte de tu pueblo escogido. Hoy te pido que me permitas andar por el camino de la justicia y verdad, que pueda ser una persona justa que se rige por tus parámetros. Que la integridad sea una característica en mi vida para que pueda también conducir a otros por el camino de la libertad. Amén”

 

Santiago, viernes 23 de Enero de 2015

A la altura de un hijo de un rey

“Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:9-10)

PASAJE COMPLEMENTARIO 1 Crónicas 17:1-27

Este hermoso pasaje profético hace referencia a la extraordinaria obra de la salvación. Dios envía a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree, sea salvo. Su sangre nos redime, nos limpia y nos perdona. Al recibir a Cristo en el corazón como Señor y Salvador, una persona recibe el regalo de la vida eterna y comienza en ella un proceso de transformación. El Padre comienza a moldear en esa vida el carácter de Cristo, la misma imagen de su Hijo. De esta manera cumple su propósito de sacarnos del anonimato para revestirnos de su gloria y hermosura. Aún más, nos dice que nos ha hecho reyes y Sacerdotes, y nos promete que reinaremos literalmente, en esta tierra junto a Él. Esto se cumplirá en el milenio, periodo en el cual Cristo reinará en la tierra junto con su iglesia.

Pero el linaje y la realeza es algo que el Rey de Reyes desea que todos sus hijos disfrutemos desde ahora. Por eso, en la Palabra de Dios encontramos abundantes ilustraciones cotidianas y parábolas de fácil comprensión, a través de las cuales nos hace entender lo que ahora somos en Él, y cómo debemos conducirnos y actuar. Una de las más hermosas enseñanzas al respecto, es cuando nos compara con el águila, la reina de las aves, símbolo de belleza, poder y majestuosidad (Isaías 40:31).

Todo cristiano está llamado a desarrollar dos características que le distinguen como hijo de Rey:

-Una vida de altura (calidad de vida): Al entender por revelación lo que ahora “somos” en Cristo, desaparecen los complejos de inferioridad e inadecuación y aumenta nuestra valía. Dejamos de arrastrarnos por el suelo sin gracia y con torpeza, como lo haría un águila que nunca aprendió a volar, y extendemos nuestras alas para remontarnos a las alturas a donde pertenecemos, surcando los cielos con plena confianza y majestuosidad.

-Linaje y Belleza: Al comprender que somos apartados para ser partícipes del linaje de Abraham, dejamos atrás las herencias de maldición, costumbres y pensamientos de Egipto (la esclavitud del pasado) y aprendemos como el águila (es selectiva pues no come lo que se le aparece sino lo que le apetece), a buscar la excelencia en todo lo que somos y hacemos.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor, infinitas gracias por el precioso regalo de la Salvación. Porque fuiste inmolado por mí y con tu sangre me redimiste. Me diste libertad y el poder para dejar atrás un pasado de muerte y esclavitud. Borraste las huellas que el pecado me dejó. Ahora, enséñame a sentirme como rey, a conducirme como rey. Que tu Santo Espíritu hoy me dé el poder que necesito para comenzar a volar”

Fecha: 10/12/2014

 

El liderazgo que trasciende

“Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” (Filipenses 3:17)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Mateo 20:26-27; 1 Corintios 9

En el apóstol Pablo encontramos un modelo de verdadero liderazgo que deja huella, pues antes que un líder o un jefe, estaba convencido que su llamado era a ser padre espiritual. También nosotros estamos llamados a dirigir a otros como padres espirituales. Siempre podremos responder ante Dios por las personas que Él nos ha delegado bajo nuestro cuidado (esposa, hijos, empleados, etc.), única y exclusivamente cuando asumamos la responsabilidad por esa vida ante Dios y velemos por ella integralmente, antes que buscar resultados.

Cuando asumimos el desafío de dirigir a otros, con temor de Dios, hacemos nuestro mayor esfuerzo, pero sobre todo, nos preocupamos por enseñar con nuestro ejemplo, ya que las palabras se olvidan, pero la huella del ejemplo no se borra jamás. Es como modelar frente a nuestros seguidores, si es que nuestra conducta es digna de ser imitada. Además, esta clase de liderazgo planteado en las Escrituras, sirve como molde para la formación de futuras generaciones de líderes, pues su influencia no es de carácter transitorio sino eterno; es decir, tiene en cuenta que un día, nuestros seguidores o discípulos tendrán que dirigir también a otros. Podemos resumir las características del verdadero líder que es molde, modelo y ejemplo para sus seguidores, de la siguiente manera:

*No es avaro
*No busca su propia gloria
*Ama tiernamente a sus hijos (firme, pero no duro)
*Se compromete hasta dar la vida
*Trabaja incansablemente
*No da las cosas por hecho
*Su conducta es irreprensible
*Anima, consuela y enseña
*Ministra a la vida y no a los resultados
*No es un jefe, ni un controlador, ni un motivador, ni un recolector de resultados ni un vigilante

¿Anhela usted dirigir a otros hacia la excelencia y dejar una huella eterna?

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre bueno, qué gran responsabilidad la que Tú me has delegado al darme el privilegio de ejercer autoridad (como esposo, padre o madre, gerente, administrador, etc.). No quiero hacerlo en mis propias fuerzas sino en las tuyas, y con tu sabiduría, para glorificarte a Ti y beneficiar a muchos”