Fecha: 09/12/2014

Un llamado a ser padres

“Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos” (1 Tesalonicenses 2:7)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Génesis 17:5, Tito 1:1-9

Un padre espiritual es aquel que se coloca como ejemplo y lleva a sus hijos a recorrer el camino que él ya conoce. Uno de los hombres que más claramente nos muestra el perfil de lo que es ser un “padre espiritual”, es el apóstol Pablo. A pesar de haber sido un hombre implacable y rudo antes de conocer el amor de Dios, se convierte en un excelente comunicador de la “paternidad de Dios”, acercando a sus hijos espirituales a Dios como Papá. Esto lo vemos claramente en el trato que brindó a Timoteo y a Tito, el cual podemos conocer a fondo, a través de sus cartas:

- Sus discípulos eran verdaderos hijos en la fe. Así los veía, así los trataba y estaba dispuesto a dar su vida por ellos, inspirando sus corazones a hacer lo mismo

- Los amaba profundamente, con ternura, instrucción y disciplina. Este tipo de amor que se recibe y se transmite de Dios mismo, desafía al discípulo a mantener a Cristo en el centro de su vida y disfrutar así de la paternidad de Dios

- El trato a nuestros discípulos como hijos, genera unidad y hace que disfruten más de la familia espiritual que Dios les ha dado

- Estamos completamente seguros, que si nos entregamos a nuestros hijos en la fe con la actitud de Pablo, Dios se ocupará de nosotros.

Cumplir el rol de padre o madre espiritual no es “usurpar” el papel del padre o madre físico, se trata más bien de introducir el modelo paternal de la Biblia, a fin de renovar la imagen paternal de Dios.

Fruto de experimentar la paternidad de Dios, brindamos a nuestros hijos espirituales toda la ternura y la seguridad que necesitan para crecer y madurar espiritualmente, hasta “ser” y “hacer” lo que Dios Padre ha diseñado para ellos. Por lo tanto, el padre espiritual le entrega cuentas a Dios, y pasa el examen cuando ve volar bien alto a su “hijo”, hacia la plenitud de la unción del Espíritu Santo, cuando le ve crecer y hacer lo mismo por otros.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre bueno, qué alegría ser tu hijo y saber ahora que tengo una gran responsabilidad de dar a conocer tu paternidad. Úngeme con tu Santo Espíritu y capacítame para esta noble y trascendental tarea. Que comience con los míos, mi propia familia y luego, con cada persona a mi alrededor que Tú me delegues”

Lunes, 08 de diciembre de 2014

Poder de lo alto

“Y en los postreros días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré mi Espíritu, y profetizarán” (Joel 2:28-29)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Isaías 59:21; Hechos 2:1-47, 19: 1-7

Esta extraordinaria promesa que había anunciado siglos atrás, el profeta Joel, tenía lugar en Jerusalén, días después de la ascensión del Señor Jesucristo a los cielos, en el contexto de la obediencia de los discípulos, al reunirse en el Aposento Alto, a orar y a rogar, en unidad de espíritu, por ese Consolador prometido.

El relato bíblico nos cuenta que algo maravilloso aconteció sobre la vida de todos aquellos que estaban reunidos en ese lugar. Me llama mucho la atención, que la primera manifestación son las lenguas repartidas como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. El fuego es un símbolo del Espíritu Santo que hace referencia a la acción limpiadora y purificadora, consumiendo toda la escoria: orgullo, altivez, rebeldía, necedad, autosuficiencia, dureza de corazón; y todo aquello que no nos deja vivir la vida abundante que Jesús vino a darnos.

El sobrenatural suceso continúa cuando todos son llenos del Espíritu Santo y comienzan a hablar en otras lenguas. Esto también tiene un significado muy especial, pues el Espíritu Santo desciende para llenar todo vacío, para suplir toda necesidad, para abundar en medio de la escasez. Sólo necesita corazones que se hayan despojado de sus esquemas, de sus dudas y egoísmos. Pero como si fuera poco, todos los que estaban reunidos fueron llenos de un poder y un denuedo especial que los hizo valientes para hablar palabras de vida que conmovieron profundamente los corazones de quienes los escuchaban, redarguyéndolos y llevándolos a creer en Jesucristo como Señor y Salvador de sus vidas.

El Espíritu Santo les dio una rara autoridad, que hacía que la gente se agolpara para escucharlos. ¡Ya no eran los mismos! Habían sido transformados en hombres nuevos que vivían ahora para un propósito claro, trascendental y eterno: Sembrar a Cristo en el corazón de cada ser humano sobre la tierra.

¿Anhela usted también experimentar todo el poder de lo alto?

HABLEMOS CON DIOS

“Padre bueno, gracias porque recibir a Cristo en mi corazón, me hace partícipe de esta maravillosa promesa. Que fruto de mi obediencia, mi oración y mi unidad perfecta contigo, viva un verdadero Pentecostés cada día”

Domingo, 07 de diciembre de 2014

APRENDIENDO A HABLAR CON DIOS

“Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor; Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañanaoirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré” (Salmo 5:1)

PASAJES COMPLEMENTARIOS: Josué 24:15; Salmo 138; Daniel 10:10-12

Debemos comprender que como hijos de Dios, el más grande privilegio que podemos tener es encontrarnos personalmente con nuestro Padre Celestial cada día.

La oración es el factor decisivo para una vida cristiana abundante y feliz. No se trata solamente de orar sino de hacerlo con ansia, anhelo, expectación, como un niño que va al encuentro de su amoroso Padre.

A través de la oración muchos hombres y mujeres son atraídos a Cristo, somos fortalecidos en momentos de debilidad o dificultad, muchas tragedias son evitadas, y se dan soluciones a problemas difíciles, gobiernos pueden cambiar y sobre todo, las fuerzas del mal son derrotadas.

Es muy interesante conocer lo que la oración significaba para grandes hombres que experimentaron el poder de Dios en sus vidas y fueron totalmente prosperados. Un ejemplo de búsqueda constante y genuina de Dios, es el rey David. Cada día, expresaba su sentir y su clamor, esperando respuesta a su oración. Para Él, como para los grandes hombres de fe de la Biblia, buscar a Dios cada mañana, no se constituía en una obligación moral, ni en un amuleto, tampoco en una tradición, era la actividad normal de todo hijo que sabe que lo más importante, en su diario vivir, es ponerse de acuerdo con su Padre desde el primer momento del día. Muy temprano se levantaban para oír la voz de Dios.

Este devocional personal, representaba el maná del cielo, el sustento de sus vidas, el río de agua viva que no puede dejar de fluir.

¿Quiere convertirse en un hombre victorioso? Le invito a que acepte el reto de ser sacerdote de su familia. Cultive con su esposa y con sus hijos, este tiempo diario en célula celestial. Serán los momentos más provechosos de su vida y los que le darán, los mejores dividendos.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, ayúdame a ser un hombre (mujer) de fe. Que buscarte cada día se convierta en mi más grande prioridad. Que tu Santo Espíritu me capacite para transmitir mi fe a mi familia y que cada día, pueda orar trayendo bendición a sus vidas”

Editorial: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 389

Sábado, 06 de diciembre de 2014

IMPACTANDO EL MUNDO A TRAVÉS DEL SERVICIO

[“Si sólo aman a la gente que los ama, no hacen nada extraordinario. ¡Hasta los pecadores hacen eso! “ Lucas 6:32 - TLA]

"Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13: 13-15)

PASAJES COMPLEMENTARIOS: Lucas 22:24-27; Hechos 20:18-38

Estamos llamados por Dios a impactar al mundo con nuestra forma de vivir. Podemos causar profundas transformaciones sociales si tan sólo tenemos claro: quiénes somos y cuál es el propósito que tenemos para vivir.

Para eso, debemos dejarnos transformar por Dios, que Él renueve nuestro pasado y nos desprograme de todo miedo, egoísmo e indiferencia que llevamos dentro.

Lo primero que Dios colocará, si nos disponemos para ser tratados por Él, es el don de servicio. Me refiero a esa misma actitud que tuvo el Señor Jesús al “lavar los pies de los discípulos”, atendiéndoles de noche y día, velando por ellos, soportando sus debilidades, enseñándoles y ayudándoles a crecer.

Cuando servimos de esta manera a quienes nos rodean y/o están bajo nuestro cargo, los demás comienzan a ver en nosotros, autoridad de Dios. Aunque implica despojarnos de nuestro orgullo, el servicio desinteresado trae grandes dividendos, pues hace que nuestra dignidad suba a los ojos de Dios.

La clave del servicio es no mirar a quien se sirve, pues estamos llamados a servir por igual a aquellos quienes nos llenan de orgullo y satisfacción, así como también a los que son nuestro motivo de quebrantamiento. En últimas, nuestro servicio no es para hombres, sino para Dios, y es de Él que recogemos los frutos.

Cuando se cultiva el servicio en la familia, en la empresa, o donde quiera que estemos, se genera unidad, pues también otros se motivan a ser generosos y a servir.

Encontramos a otras personas en quienes se comienza a desarrollar un compromiso con nuestra misión. El servicio entonces genera unidad, compromiso y fortalecimiento social. Ahora bien, si esa unidad entre las personas, se cultiva y se alimenta permanentemente en una unidad y permanencia en Dios, entonces será permanente, verdadera y fructífera.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, qué fácil es criticar al mundo pero no hacer nada para transformarlo. Capacítame por tu Espíritu para ser un verdadero discípulo de Cristo. Que fruto de permanecer en Ti, pueda servir desinteresadamente e inspirar a otros a hacer lo mismo, generando unidad, desarrollo y progreso a mi alrededor”.


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BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 388

 

Viernes, 05 de diciembre de 2014

CREER PARA VIVIR

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16)

PASAJES COMPLEMENTARIOS: 1 Pedro 1:17-21, Isaías 12:2-6

No existe una manera más sublime y profunda en que Dios pueda manifestar su amor a la humanidad, sino a través de laSalvación. La obra de Cristo en la cruz constituye la más grande garantía del amor que Dios tiene por los seres humanos.

De la misma manera, el ser portadores de ese mensaje de salvación, se constituye también en la mayor muestra de amor que los hombres y las mujeres pueden tener hacia Dios y hacia los demás.

Existen muchas personas cuya relación con Dios ha quedado limitada a un formalismo, ritual o ceremonia, y su corazón, reducido a un duro témpano de hielo, tan frío que se ha congelado el entusiasmo por contar las hermosas experiencias de vida y de poder, que Dios produce en nuestro ser. Sin embargo, Jesús nos invita a ser anunciadores del ministerio de la reconciliación, para que los seres humanos tengan la oportunidad de reencontrarse con Él y disfrutar de su amor y la nueva vida que les ofrece.

Es Dios mismo quien como Padre se deleita y se goza en actuar en nosotros y a través de nosotros. Su estrategia es que cada uno de aquellos que reciben su mensaje, se convierta en discípulo de Cristo y acepte el reto de volverse formador de discípulos. Para esto, nos da su Santo Espíritu quien nos impregna de convencimiento, entusiasmo y motivación.

El Espíritu Santo nos habilita dándonos poder, denuedo y dinámica por ver su gloria en la tierra donde nos ha puesto. Ahora bien, este mandato fue dado a todo hijo de Dios. No es para unos pocos. Después de conocer a Cristo, es nuestra responsabilidad ser sus testigos hasta lo último de la tierra.

La mies sigue siendo mucha y los obreros siguen siendo pocos. Hoy le invito a aceptar el desafío de dedicarse a los negocios y a la obra del Señor. Estoy convencida, por 50 años de servicio a Dios, que es la mejor decisión, pues mientras más nos ocupamos de sus asuntos, Él más se encarga de los nuestros.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, gracias por apartarme como tu instrumento para extender tu reino en la tierra, para cambiar la historia de mi nación. Dame tu poder para testificar con mi vida, con mis palabras, con mis actos, con mi corazón, Amén”.

BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 387