Jueves, 04 de diciembre de 2014

PERFECTOS EN UNIDAD

“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:20-21)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 133

Es claro que la única manera en que los creyentes de todas las épocas serían guardados y la obra del Señor preservada, era a través de la unidad. Que todos fuéramos uno: Todos, unánimes, juntos, en armonía. Pero este proceso sólo puede darse por el Espíritu Santo, y para entenderlo, hay un procedimiento correcto dentro de la pedagogía de Dios:

Primero, la comunión de cada uno de los miembros de la iglesia de Cristo, con Dios, es lo que conocemos como Unidad vertical. Cada uno conectado con Dios, permaneciendo en Él, levantándose por encima de su naturaleza humana y viviendo a plenitud su naturaleza divina, manifestada en amor y servicio. Cada uno, no dependiendo de la opinión de otros, que halagan o critican, pero tampoco cayendo en la trampa del ego. Más bien, cada uno consumiéndose en el altar de Dios, dejando que la escoria se queme, y dejando salir ese oro resplandeciente y puro, que no es otra cosa que el carácter de Cristo o el fruto del Espíritu Santo, el cual me permito recordar: Amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe, mansedumbre y templanza. Este es el fruto, que enriquece, hermosea y hace totalmente completa y benéfica nuestra vida, de tal manera que podamos lograr todo lo que nos propongamos, en el nombre del Señor.

Cultivar esta comunión, es dejarse conquistar por el Señor, para ir a conquistar su familia y su entorno para Dios.

El segundo paso del proceso, es la comunión con el cónyuge (esposa o esposo) con quien se restablece la relación de interdependencia, complementariedad e intimidad. Luego viene la comunión con los hijos, quienes también reciben la acción del Espíritu Santo, haciendo que sus corazones se vuelvan a sus padres en amor, honra y respeto. Pero también actúa en los padres para dar ternura, instrucción y disciplina a sus hijos. Por último, viene la comunión con otras personas, con otras familias.

Es entonces cuando se vive la santa unción expresada en el Salmo 133, la cual trae bendición y vida eterna.

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre bueno, dame el poder de tu Santo Espíritu para cultivar mi comunión contigo, con mi familia y con los que me rodean. Así el mundo creerá en Ti y nuestra sociedad tendrá una esperanza verdadera de restauración y paz”.

BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 386

Miércoles, 03 de diciembre de 2014

NUESTRA SEGURA VICTORIA


“El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; Y en tu salvación !cómo se goza!” (Salmos 21:1)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 21:1-13

Ninguna persona en sus fuerzas, con sus medios podrá lograr la felicidad, más el hombre que coloca su confianza en Dios, alcanza su bendición, la que enriquece y no añade tristeza conella. El mejor ejemplo lo encontramos en el rey David, quien confió su vida a Dios.

Sin duda alguna, la alegría que se percibe en este cántico de David, es la manifestación de la respuesta a su clamor, pues aunque siempre tuvo que enfrentar enemigos y peligros, nunca perdió su fe, y nunca dejó de encomendarle su vida a Dios.

Siempre tuvo por seguro que su Dios era quien lo defendía, y le daba las victorias. Cuando la Palabra de Dios dice que “era David conforme al corazón de Dios”, está resaltando justamente esa complacencia del Padre con su hijo. David no era un hombre perfecto, pero sí tenía en su ser interior la actitud y disposición de agradar a Dios en todo, y por más duras y fuertes que eran sus luchas, nunca dejó de buscarlo, todo se lo consultaba, y nunca salía a enfrentar las batallas sin asegurarse de que Dios estaba con él. Además, sabía darle el reconocimiento a Dios y siempre cultivó un corazón agradecido.

El Salmo 21, es un canto de alegría por las victorias obtenidas. Es el reconocimiento de un pasado y un presente que han sido guardados por la mano soberana de un Dios de bondad, y la proyección hacia un futuro libre de todo temor e incertidumbre.

Cada día debemos celebrar el poder de nuestro Dios, que nos salvó y reconocer que Él es el único que nos garantiza las victorias duraderas y verdaderas. Todos podemos declarar por medio de Cristo: “Antes, en todas las cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Cultivemos la actitud agradecida de este valiente rey, su disposición para agradar a Dios, y así también nosotros seremos correspondidos con su respaldo, cuidado y bendición.

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre Celestial, me acerco a Ti para suplicarte que cada día me sustentes. Reconozco que sólo tu amor y tu poder me llevan a la segura victoria en todas las áreas de mi vida. Permíteme celebrar cada día que Tú estás conmigo, Amén.”

BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 385

Lunes, 01 de diciembre de 2014

LA ORACIÓN TRAE MILAGROS A LA FAMILIA

«Aprendan a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios». (1 Timoteo 5:4).

PASAJE COMPLEMENTARIO: Mateo 18:18-20; 1 Tesalonicenses 3:11-4:12

La oración no es un ritual, es una relación muy especial, en donde los dos participantes intervienen de una manera dinámica. Esto quiere decir que Dios, no es indiferente a nuestras oraciones. Usted no se imagina, cuánta reacción en el cielo puede producir un clamor suyo, y sobre todo, cuando se refiere a su familia, pues, Dios es el autor y diseñador de ella, y el principal interesado en que se cumpla el propósito para el que fue creada.

Para ver milagros a través de la oración, debemos tener una mente abierta al cambio; permitir que la Palabra de Dios renueve nuestro entendimiento; de esta manera, aceptaremos los planes y las instrucciones que Dios nos comunica (Hebreos 10:7).

Antes de que Dios cambie nuestra familia, debemos permitirle que primero nos renueve a nosotros, para que luego, se produzca el milagro que esperamos ver en el interior de nuestros hogares. Cuando Dios se propone realizar un cambio en nuestra vida, la señal de progreso es su intervención en todas las áreas, creando como resultado, crecimiento espiritual.

Sin embargo, para muchos, los cambios son molestos, producen ansiedad y temor, a tal punto que preferirían seguir como siempre han estado, y como consecuencia de esto, nada especial sucede.

Todos los hijos de Dios, aunque poseemos principios constantes, estamos llamados a vivir en progreso permanente, ya que debemos sustituir nuestra naturaleza humana, llena de ataduras, debilidades y heridas, por la naturaleza divina del Señor, que nos limpia, nos hace nuevas criaturas, y nos llena del poder del Espíritu Santo. En la medida en que este proceso se dé en nuestra vida, se hará extensivo a nuestra familia.

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre bueno, cuántas gracias te doy por el privilegio que me das de tener una familia, entiendo que es un regalo que Tú me haces, por ello te pido que me enseñes a orar por los míos, a lograr unidad familiar a través de los tiempos de oración, intercediendo los unos por los otros. Hoy te ruego me llenes de tu Santo Espíritu; porque así podré ser de gran bendición para mi familia. Amén”

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ESTA MEDITACIÓN FUE TOMADA DEL LIBRO: : Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 383

Martes, 02 de diciembre de 2014

MORADA DE DIOS

“Y traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, por ofrenda a Jehová, en caballos, en carros, en literas, en mulos y en camellos, a mi santo monte de Jerusalén, dice Jehová, al modo que los hijos de Israel traen la ofrenda en utensilios limpios a la casa de Jehová” (Isaías 66:20)

PASAJES COMPLEMENTARIOS: 2Crónicas 30; Salmo 132:11-18; Isaías 66

En la Palabra de Dios frecuentemente encontramos frases como estas, que llegan a constituirse en oraciones permanentes que el mismo Dios nos enseña para que cultivemos la fe y el anhelo por visitar su tierra, el sitio que escogió como morada para sí. Subir a Jerusalén y llevar a alguien con nosotros, es como presentar ofrenda agradable a Dios, es honrar al Padre, es rendir homenaje al Rey.

Hubo un hombre en la historia del pueblo de Israel, el rey Ezequías, quien había descubierto que la mejor manera como él podía consolidar su reino y alcanzar la bendición de Dios para su pueblo, era ejecutando lo bueno, recto y verdadero delante de Él, teniendo en cuenta todos sus mandamientos y buscándolo con todo su corazón. Así, que convocó a todo el pueblo de Israel, a todos los habitantes de las diferentes ciudades conquistadas, a reunirse en la casa de Dios en Jerusalén, con motivo de la celebración de la fiesta de la Pascua.

La Biblia nos cuenta que Ezequías pasó invitación y realizó un sentido llamado a todos los habitantes de Israel, para que viniesen a honrar a Dios a Jerusalén y lograran así su misericordia para librarlos de sus enemigos que los rodeaban. Sin embargo, muchos se burlaban de él y no acudieron a la cita, y fueron precisamente las ciudades invadidas posteriormente por los asirios. Pero todos aquellos que acudieron a Jerusalén fueron bendecidos y prosperados, y de Ezequías quien siempre buscaba agradar a Dios, la Biblia nos dice: “en todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la Ley y los Mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado” (2 Crónicas 31:21)

Así como la bendición y la prosperidad de grandes hombres de la Biblia, está relacionada con su amor a Jerusalén y con la clara visión que de ella tenían como la ciudad de Dios, así también nuestra vida puede ser grandemente bendecida si oramos a Dios para que nos revele el significado de esta tierra especial; si alimentamos el anhelo de visitarla; si vamos y también llevamos a otros; si reconocemos que en ella, al igual que al lado de una madre, los seres humanos recibimos el Consuelo de Dios, somos mimados y reverdecidos, somos bendecidos y prosperados.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre Santo, bendito y alabado sea tu nombre, y bendita la ciudad donde has colocado tu estrado. Bendito seas por proveernos a través de ella el consuelo, la ternura y los mimos de una madre. Gracias por confirmar a Jerusalén como la ciudad eterna, Amén”.
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BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 384

Devocional, miércoles 19 de noviembre de 2014

RESPUESTA PERMANENTE A UNA ORACIÓN

“Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración, y tu ruego que has hecho en mi presencia, yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días.” (1 Reyes 9:3)

PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Reyes 8:28-30

El rey Salomón siguiendo la instrucción de David su padre, emprende una obra grandiosa: Construir el Templo para Jehová el Dios de Israel. Para dedicar este hermoso lugar Salomón hace una oración tan profunda y al mismo tiempo tan sencilla, llena de sabiduría que conmueve el corazón de Dios.

A modo general, lo que pide Salomón en su oración, es que Dios declare ese Templo como un lugar santo, sagrado y que además se vuelva casa permanente de oración, también pide que toda oración que se haga en ese lugar, tenga un aprecio especial de Dios y haya una respuesta efectiva a lo que se pida allí.

La respuesta del Dios de Israel fue contundente y permanente, recordemos:

• Hoy en día es conocido ese lugar como el Muro de las Lamentaciones

• Los que hemos ido a ese lugar a orar, a pedir, hoy podemos dar testimonio de la eficaz respuesta a cada petición

• Millones de peregrinos van anualmente a ese lugar a encontrarse con el Dios de Israel

• Una parte del pueblo de Israel conserva el Muro como el lugar más sagrado y santo

• Muchos han comprendido que este es el lugar que Dios escogió para morar en la tierra y que Él es el único y verdadero Dios (2 Crónicas 7:15-16)

Tenemos en este, un maravilloso y contundente ejemplo de oración contestada. Tomemos aliento para seguir orando, buscando las respuestas de Dios no sólo a nuestras necesidades, sino también a las de toda la humanidad.

HABLEMOS CON DIOS:
“Gracias Señor por hacer del templo de Jerusalén un lugar tan especial para un encuentro inolvidable contigo. Gracias por hacer de mí, a través de Jesucristo, un templo vivo donde Tú habitas permanentemente a través de tu Espíritu Santo. Que tu presencia resplandezca en mí, que yo cumpla la misión para lo cual Tú me escogiste y pueda vivir para honrar tu nombre, Amén”.
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BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 369