Devocional – 18 de noviembre de 2014

LOS VARONES DE ÉXITO ORAN Y AYUNAN

“Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos”. (Nehemías 1:4)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Esdras 9:3-6, Salmo 126

Esta declaración de Nehemías fue el punto de partida para una gran obra que estaba ya gestándose en el corazón de este hombre, que albergaba amor por su pueblo y dolor por la condición de esclavitud y desolación en que vivían; así como también un gran pesar por ver a Jerusalén destruida.

Llorar, hacer duelo, ayunar y orar al parecer son para el hombre común, una muestra de debilidad y tal vez de sensibilidad barata. Sin embargo, para un verdadero varón, son el inicio de un cambio radical en su vida y en la misión que debe cumplir.

Nehemías vivía en un palacio, con un buen trabajo, agradables condiciones de vida y una excelente relación con su jefe, el Rey Artajerjes; pero ante la noticia de la tragedia de su pueblo, decidió en oración, iniciar la restauración de su pueblo y de su ciudad.

Fueron cuatro meses de búsqueda de Dios para definir su destino, y la verdad, es que fueron altamente fructíferos, veamos algunos logros:

• Obtuvo ayuda económica y logística del rey
• Pudo motivar y unir a su pueblo en torno a una causa
• Se reconstruyó la muralla en 52 días
• Nehemías se convirtió en gobernador.

Podemos concluir que aquello que se inicia en oración, ayuno, duelo y lágrimas termina en gran alegría y regocijo. Nuevamente la oración muestra su efectividad.

HABLEMOS CON DIOS: 

“Gracias Padre por el amor que recibo a través de tu Espíritu Santo. Te pido que me enseñes amar y a entregar mi vida por mi pueblo como lo hizo Nehemías; sin limitaciones ni condiciones, con una dependencia absoluta de Ti, Amén.”
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BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 368

Devocional  lunes, 17 de noviembre de 2014

CÓMO MANTENER EL ÁNIMO Y PERSEVERAR

“También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.” (Lucas 18:1) 

PASAJES COMPLEMENTARIOS: Filipenses 4:6; Efesios 6:18 

Siempre nos han enseñado que las necesidades básicas del ser humano son alimento, vestido, vivienda y educación, nunca en ninguna institución humana como la familia, escuela, colegio o universidad se nos ha planteado la oración como una necesidad básica.

Cuando el cuerpo deja de recibir alimento se comienza a debilitar, pierde defensas, y las enfermedades le destruyen; así mismo cuando el cuerpo no es protegido debidamente con vestido y calzado se verá afectado, maltratado por el clima y el medio que lo rodea (ya sea frío o calor) y en poco tiempo la persona perece.
También una persona que no logra educarse, aunque sea medianamente, estará en muy deprimentes condiciones de vida (al menos una gran mayoría).

La oración es para el alma lo que el alimento es para el cuerpo: Una fuente de fortaleza. A través de la oración se aprende a perdonar, a dialogar, a perseverar, a amar; en conclusión: se aprende a vivir.
El contacto diario con la presencia de Dios, el hablar con Él, el oír su voz, el recibir su bendición, es el impulso espiritual que necesitamos para resolver y enfrentar exitosamente cada nuevo día, por eso, es necesario orar siempre para no desmayar.

Orar insistentemente me lleva a ver resultados. Oración más acción es la fórmula ideal para lograr el cumplimiento de aquello por lo que se lucha.

Orar sin actuar es mera repetición o simple religiosidad. Actuar sin orar es activismo puro que termina agotando, se pueden lograr resultados pero a costos muy altos.

La idea de la reflexión en este día, es que la oración genera perseverancia y espíritu para emprender y no desmayar.

HABLEMOS CON DIOS: 

“Gracias Padre Dios, por el recurso maravilloso de la oración que genera fortaleza y perseverancia frente a los desafíos diarios de la vida; ella es una fuente que sacia el alma sedienta en medio del desierto. Enséñame a permanecer bebiendo de esa fuente. Amén”
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BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 367

Devocional – viernes 14 de noviembre de 2014

LA MISIÓN DE LA FAMILIA

 

«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla...» (Génesis 1:27-28). 

PASAJE COMPLEMENTARIO: Efesios 5:21-6:4 

La principal misión de la familia, es contribuir a la formación personal de sus miembros, comenzando por los propios cónyuges, hasta extenderlo a los hijos. Es la verdadera escuela del ser humano, donde se adquieren los valores que han de regir la vida de cada uno de ellos. Allí se adquieren los elementos indispensables para formar el carácter, la valía, y el sentido de la responsabilidad.

La familia se constituye en forjadora de valores y virtudes, de éxitos o fracasos, de grandes enseñanzas o amargos sinsabores, que influyen para bien o para mal. Allí se pueden suscitar cambios sociales contribuyentes a la paz o a la violencia. Cada uno de nosotros es el resultado de lo que vivimos en nuestra propia familia. «Lo que el hombre sembrare, eso también segará.» (Gálatas 6:7)

Una pareja no puede darse el lujo de construir una familia por el sólo hecho de que «todos lo hacen». Formar una familia es una empresa de mucha responsabilidad, porque tiene que ver con la construcción de vidas, que tarde o temprano van a reflejarse en la sociedad. Muchos no tienen claridad del valor que ella tiene, viven confundidos, contemplando impotentes cada día la triste realidad de la caída de la institución que ha sido destinada a ser feliz, no a su destrucción. ¿Cuál es la razón de dicha incapacidad?

Al igual que sucedió a nuestros primeros padres en el huerto del Edén; dejaron entrar el pecado en sus vidas, y se extendió al hogar. Hoy sucede lo mismo; la destrucción de los hogares comienza por el hombre y la mujer, Dios los juntó y bendijo para que disfrutaran todo, como fruto de la obediencia. Cuando decida obedecer a Dios, disfrutará de paz, armonía, de su sobrenatural amor, y será capacitado para edificar un maravilloso hogar.

HABLEMOS CON DIOS: 

“Padre amado, gracias por la familia que me has dado. Hoy vuelvo mi mirada a Ti y te pido que derrames sobre mí tu Espíritu, que me llenes y me des la sabiduría necesaria para que esta familia cumpla el propósito de formar el carácter de Cristo en cada uno de sus miembros, que verdaderamente sea un remanso de paz aquí en la tierra. Conviértete en el eje central de este hogar. Amén”
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BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 364

Devocional – sábado 15 de noviembre de 2014

ELIGE LA VIDA

«Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.» (Deuteronomio 30:19c)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Deuteronomio 30:11-20

Algo que para la mayoría resulta muy difícil es elegir, sobretodo, cuando tenemos múltiples opciones y no hay un parámetro claro para decidir lo mejor; y además, cuando lo que vamos a elegir es determinantepara nuestra vida e influirá poderosamente en aquellos que están a nuestro alrededor.

Dios hizo al hombre libre y por eso la tarea de elegir le corresponde única y exclusivamente a él. Lo que sí es cierto, es que Dios espera que el hombre le pida sabiduría y consejo, pues sus decisiones, quiéralo o no, son trascendentales y afectarán su presente, su futuro, el de su familia y muchas veces, el del mundo entero. Dios ofrece al hombre llenarlo de sabiduría y entendimiento para escoger lo mejor, lo que a la postre le va a traer bien, a él y a los suyos. Sin embargo, la autosuficiencia del hombre no le deja oír la voz de su Creador.

Es importante que antes de decidir cualquier cosa, nos hagamos la siguiente reflexión: ¿Esto que estoy eligiendo trae satisfacción y realización a mi vida? ¿Mi familia se siente favorecida con ello? ¿Lo que estoy eligiendo, es correcto, o viola los principios morales? ¿Estoy sembrando la buena semilla, para así esperar los mejores frutos? ¿Lo que voy a hacer, está de acuerdo con la Voluntad de Dios?

La Palabra de Dios nos muestra caminos de bendición, los cuales siempre irán acompañados de gozo. Elijamos con la ayuda de Dios, y no neciamente. La Palabra de Dios nos enseña en Proverbios 14:12. «Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte». Pensemos que tenemos una sola vida, y por eso debemos invertirla en lo mejor.

Cuando elegimos a Dios, para que sea el centro de nuestra vida y nos dirija, hacemos la más grande y única decisión. La vida sin Él no tiene sentido, todo lo que elija sin tenerle en cuenta, jamás tendrá un buen fin; tarde o temprano, el que lo haga, comerá su propio pan de dolores.

Las obras de la vida como establecer y levantar un hogar, mantener unos hijos bien formados, dirigir una empresa, etc. deben tener en cuenta a Dios, y en el caso de la familia, con mayor razón no busquemos otro cimiento más que Él.

Sin Dios, todo será de escasa importancia. Haga que Él sea la máxima prioridad en su vida, y permita que le guíe cada día. Le aseguro que usted vivirá muy feliz por esta elección.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, reconozco que necesito de Ti para vivir. Hoy te pido que me ayudes a elegir lo mejor para mí y para mi familia. Que en el momento de elegir qué hacer, siempre pueda elegir la vida, elegir vivir bajo tus parámetros y principios. Te pido que Tú seas el dueño de mi existencia, quien me lleva a experimentar la vida con sentido y felicidad, Amén”.

BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 365

Devocional – 11 de noviembre de 2014

ORANDO EN TODO TIEMPO

“!Oh Señor Jehová! he aquí que Tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para Ti;” Jeremías 32:17

PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Reyes 17:8-24

Cuando a nuestra vida llegan situaciones que nos preocupan y nos quitan la paz, podemos acudir a muchas personas para que nos ayuden. De igual manera, podemos hacer uso de muchos recursos, todos válidos e importantes. Pero hay un recurso que es el más maravilloso y poderoso. Es un recurso que a lo largo de mi vida y la de mi familia, nos ha abierto puertas que en su momento considerábamos cerradas. Les estoy hablando de la Oración.

Para muchas personas, acudir a Dios en un momento de dificultad, es la última opción. Lo hacen cuando ya no queda nada más que hacer. Como alguien diría eso es tener a Dios por “bombero”. Y es verdad, muchos lo buscan cuando hay una urgencia, cuando se han metido en un aprieto o tienen que enfrentar situaciones de pena o dolor. Pero, bueno es aprender a acudir a Dios como modo de vida, todos los días, reconociéndolo como nuestro Proveedor y Sustentador.

La oración constituye el privilegio más grande para una persona, pues cuando nos arrodillamos para hablar con Dios, Él nos responde y nos usa para cambiar las vidas de hombres y naciones.

La oración pone a nuestro alcance los infinitos recursos del poder de Dios, cuando pensamos que no hay nada que hacer en relación con las necesidades de la familia, la sociedad y la nación. La oración mueve la mano de Dios para producir el cambio necesario, pues para Él nada es imposible. La oración es acción. San Agustín dijo: «Hay dos formas en que tú y yo podemos orar. Podemos orar por un problema, o podemos orar involucrándonos en Él».

Orar es actuar, pues la verdadera fe se manifiesta actuando, haciendo lo que nos corresponde, sabiendo que Dios hará lo sobrenatural o aquello que se escapa de nuestras manos.

HABLEMOS CON DIOS

“Bendito Señor te doy muchas gracias, porque me enseñas a orar en todo tiempo. Qué bueno es saber que tu Palabra sustenta mi vida, sustenta todo mi ser, y que la oración dinamiza mi fe, gracias mi amado Señor, Amén”.

BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 361