Devocional – 10 de noviembre de 2014

LA FAMILIA Y LA FE

“El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive, y creyó él con toda su casa” (Juan 4:53)


PASAJES COMPLEMENTARIOS: Juan 4:46-54, Génesis 26:1-5; Éxodo 2:23-25

Cuando estemos convencidos de la importancia de la ayuda de Dios en aquellas cosas que no logran resolver ni el dinero, ni la fama, ni la ciencia, ni nada de lo que ofrece el mundo, y especialmente aquellas situaciones que tienen que ver con lo que tanto amamos; entenderemos que lo que verdaderamente necesitamos para ver un milagro, es la fe en Dios.

Hay muchos testimonios y enseñanzas en la Palabra de Dios, de personas que fueron sanadas de enfermedades de toda clase, personas que estaban muertas y volvieron a la vida, otros azotados por demonios, etc. Estos hechos demuestran el poder sobrenatural de Dios, haciéndonos entender que para Él no hay nada imposible.

Tal fue el caso del hijo de un oficial que cayó gravemente enfermo; este oficial, llegó hasta donde Jesús estaba, para pedirle que sanara a su hijo, quien estaba a punto de morir. Las palabras alentadoras que escuchó de Jesús fueron: “regresa a tu casa, tu hijo vive”; este hombre creyó que Jesús había sanado a su hijo, y efectivamente así sucedió. Las palabras de Jesús fueron lo suficientemente convincentes para llenar de fe el corazón de este padre angustiado.

Tan grande fue la fe que se apoderó de este hombre, que toda su familia creyó en Jesús; he aquí el impacto que puede generar un hombre en su familia, cuando pone su mirada en Dios, entendiendo que “al que cree todo le es posible”. Aquí tenemos la fe de un padre que le creyó a Dios, y esa fe, hizo que toda su familia creyera y pusiera su confianza en el único y verdadero Dios.

La fe trae respuestas a necesidades de nuestra familia, que nadie más puede suplir. Por tanto, el mayor bien que hoy podemos hacer como padres por nuestros hijos, es acercarnos a Jesús, con una fe inquebrantable que nos lleve a vivir de tal manera que nuestros hijos encuentren en nosotros el mejor ejemplo a seguir y un verdadero modelo digno de imitar.

Dios siempre tiene un mensaje de consuelo y esperanza para todo padre que reconozca que en sus propias fuerzas no puede asegurar el cuidado o el bienestar de sus hijos y se acerque humildemente a su Padre Dios para recibirlos de su mano.
¿Está usted confiando en Dios para la felicidad y el bienestar de sus hijos?

HABLEMOS CON DIOS:
“Señor hoy te ruego que me des un corazón humilde para reconocer que todo el amor que le tengo a mis hijos no es suficiente para protegerlos y guardarlos del peligro y sufrimientos. Te necesito a Ti, eres mi más grande seguridad. Enséñame a ser el hijo que Tú deseas, que te honre, que te obedezca, que te sirva. Así seré el padre que Tú quieres, el que mis hijos y mi familia necesitan. Gracias porque ahora si sé como cuidarlos, cómo hacerlos felices y proporcionarles seguridad. Amén.”

BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 360

 

Mi Devocional – 09 de noviembre de 2014 -

APRENDIENDO A ESPERAR EN DIOS

“Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su Palabra he esperado” (Salmo 130:5) 

PASAJES COMPLEMENTARIOS: Salmo 42:1-2; Salmo 25:4-5 

Nuestro primer anhelo debe ser la Presencia de Dios cada día, para hallar allí la dirección y la respuesta que estamos necesitando. Como todo lo verdaderamente importante requiere tiempo y paciencia, también buscar a Dios y la guía de su Palabra, nos demanda esperar. 

Dios no tiene afán, Él no sufre de ansiedad. Él se tomará el tiempo necesario no sólo para darnos la respuesta que necesitamos sino para formar nuestro carácter, para darnos el temple, la madurez y la fortaleza que nos equiparán para enfrentar victoriosos los desafíos de la vida.

Es por eso que la búsqueda de Dios debe ser una experiencia que es necesario aprender a disfrutar plenamente. Debe convertirse en nuestro mayor deleite, en nuestra principal alegría. Además, esa espera confiada trae como respuesta la paz y la tranquilidad que nuestra alma necesita, como también la seguridad en que Dios actuará o intervendrá en las situaciones que le he expuesto. 

Estar en la Presencia de Dios es un precioso regalo y un incomparable privilegio. Esperar en nuestro Padre Dios, saber que Él tiene en sus manos nuestra vida y el control de todo, es la mejor medicina y el mayor reposo que podamos experimentar.

“En Jehová hay misericordia y abundante redención” dice la continuación de este hermoso Salmo. Entonces ¿Cómo no esperar en Él? No podemos seguir la corriente moderna de los afanes y del cansancio, nosotros los hijos de Dios y poseedores de tan infinitas promesas, debemos aprender a vivir disfrutando de la vida con sentido y felicidad; buscando el descanso en Dios a través de su Palabra.

Los hijos de Dios no tenemos que vivir afanados y turbados; si realmente estamos esperando respuestas del Señor, debemos esperar verdaderamente en Él y no dejarnos contagiar por el desánimo y mucho menos por los afanes y carreras de este mundo.Dios cumplirá su propósito, nadie le impedirá bendecirnos, así que hoy le invito a esperar en Él, que su alma espere en Jehová y en su Palabra. Levante sus ojos a Dios, entréguele su corazón, sus dudas y temores, y a través de la oración experimente ese poder que viene de lo Alto, que le da fuerzas y renueva su confianza. No olvide que “los que esperan en Jehová tendrán siempre nuevas fuerzas”.

HABLEMOS CON DIOS: 
“Padre, de lo profundo de mi corazón clamo, Señor oye mi oración, estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica, y enséñame cada día a esperar en Ti; porque allí hay misericordia y abundante redención. Amén.

BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 359

 

Nuestro devocional para hoy, 06 de noviembre de 2014

UNA LECCIÓN DE CONFIANZA

“Cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán al occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban cerca del mar, oyeron cómo Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, desfalleció su corazón, y no hubo más aliento en ellos delante de los hijos de Israel” (Josué 5:1)

PASAJES COMPLEMENTARIOS: Josué 3 y 4

Este hermoso pasaje nos relata un episodio que vivió el pueblo de Israel, cuando habiendo terminado ya su peregrinaje por el desierto, se encontraban ahora a las puertas de la conquista de la Tierra Prometida, bajo la dirección de Josué, el sucesor de Moisés. Durante todos esos años, los judíos conocieron de cerca a Dios, le vieron a través de todas sus maravillas y prodigios que hizo ante ellos; Dios les proveyó el sustento diario, bebieron agua de donde ni siquiera lo imaginaban. Pero esta etapa de peregrinaje tenía que quedar atrás, ellos debían cruzar el Jordán y tomar posesión de la tierra que habían heredado. Cruzar el Jordán era aventurarse nuevamente en las manos de Dios Todopoderoso, que nunca les había fallado; pero no cruzarlo era morir en el desierto sin conocer la tierra que fluía leche y miel que les había sido prometida a sus padres.

Una necesidad clara para la supervivencia del pueblo de Israel, era la confianza que debían seguir depositando en Dios, quien no sólo era su proveedor y ayudador. ¡Era su Comandante en Jefe! Así se lo comunicó un ángel del Señor a Josué cuando se le manifestó para darle instrucciones de parte de Dios sobre la toma de la ciudad de Jericó, diciéndole que venía como Príncipe del ejército de Jehová (Josué 5:13-15).

Aunque la conquista no era una tarea fácil, no estaban solos, porque Dios había prometido estar con ellos y así se los estaba demostrando. El éxito de sus vidas, de ahí en adelante y como hasta ahora lo habían vivido, dependía de varias cosas: su fe, su confianza, la obediencia, la madurez para enfrentar las diferentes situaciones y la oración; con seguridad iban a encontrar dificultades y obstáculos, pero debían estar convencidos que mientras estuvieran de la mano de Dios, nadie podría hacerles frente.

Hoy nosotros, como los hijos de Israel, podemos estar a punto de cruzar el Jordán, un momento clave y definitivo para nuestra vida, y que nos abrirá paso al cumplimiento de las promesas de Dios. Pero es posible que nuestro corazón esté lleno de temores, dudas e incertidumbre, así que decidamos hoy oír la voz de Dios, que nos dice que el tamaño de los obstáculos no puede impedir que marchemos hacia la victoria. Dios no quiere que nuestro corazón desfallezca ante las adversidades, Él puede hacer que crucemos el Jordán en seco, y de esta manera nos dará las bendiciones y la provisión necesaria para disfrutar de sus maravillosas promesas.

HABLEMOS CON DIOS: 

“Señor, hoy pongo delante de Ti mis debilidades, mis dudas, mis obstáculos y descanso confiada en tu Palabra para marchar hacia la victoria; entiendo que tomado de tu mano puedo recuperar las fuerzas y estar firme ante los nuevos desafíos. Gracias por la vida de victoria que puedo disfrutar, Amén.”

BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 356

Mi Devocional – 07 de noviembre de 2014

UN NUEVO CORAZÓN

¿Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre? (Deuteronomio 5:29) 

PASAJE COMPLEMENTARIO: Proverbios 23:26; Isaías 29:9-24 

Si hay algo que nuestro Padre Celestial anhela de nosotros sus hijos, es que tengamos un verdadero temor para obedecer y guardar sus mandamientos. Muchas veces podemos ser emocionales y ligeros al decir que amamos a Dios y que estamos dispuestos a llevar cabalmente la vida que Él demanda que vivamos.

El versículo anterior expresa el profundo anhelo de nuestro Padre Dios, de ver en nosotros, sus hijos, un corazón libre de prevenciones, desconfianza y rebeldía. Él anhela que cultivemos un corazón lleno de amor, respeto y confianza en Él y en su Palabra. Un corazón que busque por encima de todo, hacer su Voluntad. Seguramente muchas veces hemos hecho igual que el pueblo de Israel, que se comprometía a guardar los preceptos divinos, sobretodo cuando les iba mal, para luego, olvidar sus promesas y caer nuevamente en la dureza de su corazón, en la terquedad y en la indiferencia. Y lo peor de todo, era que arrastraban males para ellos y para sus hijos.

Nuestra vida cristiana debe centrarse en entregarle cada día, y a cada instante, nuestro corazón a Dios, para que Él lo siga tratando, transformando y sanando; para que se mantenga obediente a su Palabra y compasivo y sensible hacia las necesidades de los demás. A veces podemos preguntarnos ¿Por qué no estoy viendo bendición en mi vida, en mi familia, en mis hijos, en los negocios? La dificultad puede originarse en la desobediencia a su voluntad, respecto a guardar sus mandamientos todos los días.

Las ordenanzas las estableció Dios para enseñarnos el estilo de vida que debemos tener, y así garantizarnos la vida de prosperidad y bendición que todos anhelamos. El Señor muy claro lo expresa en su palabra: “…para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre…” Dios conoce nuestro corazón y por eso es preciso que cada día se lo entreguemos, y de esta manera, podamos renovar nuestros pensamientos y disponernos a llevar una vida de obediencia, a fin de alegrar su corazón.

El Señor nos llama a ser genuinos en nuestra oración, y en las promesas que le hacemos; si hemos decidido entregarle nuestra vida a Dios, hagámoslo de verdad, rindamos todo nuestro ser ante Él y dejemos que el mude ese corazón necesitado, obstinado y débil, en uno nuevo, puro y renovado.

HABLEMOS CON DIOS:

 “Padre hoy me acerco a tu Presencia, para rendirte mi corazón, cámbialo, transfórmalo en uno nuevo; capacitado para obedecerte, guardar tus estatutos y dispuesto siempre para agradarte, Amén.

”BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 357

Devocional, martes 04 de noviembre de 2014


“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obra en sabia mansedumbre” (Santiago 3:13)


Pasaje Complementario: Mateo 11: 28-30; Gálatas 5:22-23

Si algo necesitamos transmitir como padres a nuestros hijos, son los valores básicos que han de ser su fundamento para la vida; y entreestos fundamentos está la manera adecuada de relacionarse con sus semejantes.

Es necesario aprender de manera urgente, el maravilloso don de la mansedumbre, ya que la familia como transmisora de valores fundamentales, viene deteriorándose con profundos cambios y perdiendo identidad, unidad y estabilidad.

La mansedumbre y la sabiduría que habla el pasaje bíblico mencionado, es lo que necesitamos para que toda enseñanza que transmitamos a nuestros hijos llegue a su corazón y se transforme en un modo de vida.

La mansedumbre como parte del fruto del Espíritu Santo, proviene de Dios, y la alcanzamos buscando comunión con el que es Manso y Humilde de corazón, el Señor Jesucristo. No se dará por un deseo, o por un acto de nuestra voluntad o porque así nos propongamos; es un regalo de Dios para nuestras vidas.

Dios a través de su Espíritu nos capacita para equipar nuestra vida de mansedumbre y enseñar a nuestros hijos a revestirse de ella. Podemos enseñarles muchas cosas en la vida, como ser buenos estudiantes, responsables, cumplidores de su deber, intrépidos, etc., pero ninguna enseñanza será de tanto provecho, como aquellas que plasma el mismo Espíritu de Dios en nuestros corazones, transformándonos a su imagen y semejanza.

La sabiduría que vemos en el rey David antes de morir a través del consejo que da a su hijo Salomón, está relacionada con la verdad de Dios y sus preceptos. En 1ª. Reyes 2:3-4, esta sabiduría la expresa así: “guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas…”
Cuando lo que enseñamos son nuestras vivencias diarias, nuestros hijos no se resistirán a escucharnos. Dios nos capacita dándonos su sabiduría y mansedumbre para ser el modelo de padres que ellos necesitan.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor hoy te ruego que me hagas un padre, una madre con mucha sabiduría y que me enseñes a cultivar la mansedumbre, y de esta manera yo pueda ser un ejemplo constante a mis hijos, Amén.”

BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 354