lunes 03 de noviembre de 2014

LA VERDADERA PAZ

"Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que así mismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.” (Colosenses 3:15)


PASAJE COMPLEMENTARIO: Isaías 26:3; Colosenses 3:5-25

La paz de Dios a la que el Apóstol Pablo se refiere en esta carta a los Colosenses, es más que un sentimiento de tranquilidad o la ausencia de problemas; es un fruto de la acción de Dios en una vida, la consecuencia de estar con Él, de rendirle nuestro ser. Es un fruto del Espíritu Santo, que nos equipa de poder para enfrentar dificultades, trae alivio a nuestras cargas y es capaz de sanar las más profundas heridas del corazón. Cuando Él derrama esa paz en nuestros corazones, nos infunde aliento y nos proporciona seguridad, alegría y fortaleza; entonces se cumple lo que dice su Palabra: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí”.
Para aquellos que anhelan la paz y no saben cómo alcanzarla ni de dónde viene, la Palabra de Dios nos confirma: “Porque él es nuestra paz…” (Efesios 2:14). Podemos tener la certeza que el camino de la paz es Dios, y no como muchos creen: las personas, las posesiones, los títulos; de hecho, muchos deciden escoger distintos caminos en busca de paz, pero, pasado el tiempo tienen que concluir que buscaron en vano.

Es tiempo de examinar nuestro corazón y ver si nuestra vida muestra evidencias de paz en el espíritu, en el alma y en el cuerpo. La paz, como ya lo dijimos es evidencia del fruto del Espíritu, por consiguiente, la paz es el fruto del amor de Dios derramándose permanentemente sobre nuestras vidas.

Por esa razón, si el hombre desea paz, debe optar por buscar a Dios para caminar tomado de su mano; y el mejor camino para buscar a Dios, es su Palabra; ella nos lleva a enderezar nuestros pasos, cuando creemos lo que Él afirma, es decir, que nada hay por encima de su verdad.

Busquemos conocer y afirmar esos principios que son vida y paz a los que los siguen; de hecho, quien aprende a seguir los mandatos divinos, es aquel que triunfa y como dice el Manual de la vida: “Y todo lo que hace, prosperará” (Salmo 1:3)

Recuerde, la paz de Dios es el resultado de una profunda transformación en nuestro corazón realizada por Él, producto de aceptar a Jesús en nuestra vida.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor no hay nada mejor que disfrutar de la paz que sólo Tú me brindas, esa paz que excede a todo conocimiento es la que me fortalece y me anima para seguir adelante cada día, gracias Padre por derramar más y más de tu paz en mi vida. Amén.”

BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 353

 

Domingo 02 de noviembre de 2014.

“Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo diciendo: yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre. Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas” (1 Reyes 2:1-3)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Proverbios 3; Deuteronomio 10:12

Muchos se esfuerzan toda la vida por dejarles lo mejor a sus hijos, para que no sufran, para que no pasen necesidades. Se concentran en dejarles gruesas sumas de dinero o vastas riquezas, pero la mayoría no se preocupa de la misma forma y con la misma intensidad por dejarles la mejor de todas las herencias: la sabiduría que proviene de Dios.

El rey Salomón debió sentirse muy agradecido con Dios por haberle dado un padre cuyo consejo final escondía el más grande secreto para alcanzar todo lo que un ser humano pudiera desear: Le enseñó a buscar a Dios, a amarlo con todo su corazón, a seguir sus instrucciones, a obedecer sus mandamientos. Entonces, lo tuvo todo: fama, riquezas, dinero, aprecio, poder, etc.

Efectivamente, mientras Salomón mantuvo como su más grande e importante prioridad no apartarse de Dios, y convertir la búsqueda de Dios en su gran motivación cada día, encontró en Él su protección, su victoria, su consuelo, su dirección y su amor incondicional, y pudo cumplir con la difícil tarea de guiar a su pueblo Israel y de llevarlo a una época de paz y de prosperidad inigualables. Es por eso que Salomón, más que nadie reconoce en sus múltiples escritos de sabios proverbios éste, como el más grande consejo que él puede dar a todos los padres que anhelan cumplir fielmente con su tarea, que sueñan con darles lo mejor a sus hijos y que estos sean felices:

-Asegurarse de que la verdad de Dios y sus mandamientos justos estén escritos en el corazón de sus hijos, para que los guarden siempre y entonces, vivan largos días llenos de paz, de gracia y de misericordia

-Enseñarles a confiar en Dios antes que en sí mismos, siendo humildes para dejarse guiar y corregir por el Señor, y apartándose del mal, para ser así libres de grandes dolores y aflicciones

-Honrar a Dios con su vida, con su trabajo y con sus bienes. Así su trabajo será prosperado, y tendrán abundancia en todo.

La pregunta que debemos formularnos es: ¿Es este también nuestro propio estilo de vida? ¿Estamos acudiendo a Dios para que Él nos forme y guíe nuestros caminos?

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre bueno, te alabo y te bendigo por tus mandamientos, hoy entiendo que son una manifestación de tu amor a mi vida. Te suplico que me enseñes a guardarlos, sé que si anhelo prosperar tengo que decidir buscarte intensamente y agradarte con mi obediencia. No existirá una mejor herencia que pueda dejar a mis hijos. Amén.

___________

BIBLIOGRAFÍA: Llamado a la confianza / Lolita Cruz de Chamorro. -- Bogotá: Fundación Editorial Publimundo. -- página 352

31-10-2014
 
Un mandamiento con Promesa
 
“Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da” (Deuteronomio 5:16)
 
PASAJE COMPLEMENTARIO: Proverbios 1:8-9; Colosenses 3:20
 
Conocer y obedecer los mandatos de Dios como el que acabamos de leer en el pasaje bíblico con el que iniciamos esta meditación, es el secreto para todo aquel que busca ser feliz, entendiendo que felicidad es aquello que produce una vida de paz y bienestar al espíritu, al alma y al cuerpo. Esto indudablemente se inicia cuando decidimos abrir la puerta de nuestro corazón a Cristo. De allí en adelante, con la luz y la dirección del Espíritu Santo vamos aprendiendo a obedecer a Dios mediante el estudio de su Palabra. Si usted es una de aquellas personas que anhela esta clase de vida, tome la decisión de obedecer a Dios.
 
Hoy el Señor nos habla de algo que además de ser un mandamiento, también juntamente es una manera en que Dios nos asegura su incesante bendición, pues trae consigo dos valiosas y admirables promesas: “Para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien…” Aquí estamos hablando de un mandato a los hijos como es “honrar a padre y madre”. Puesto que todos somos hijos, nos compete a todos recordar que honrar es proporcionar a nuestros padres y abuelos, el respeto y estima de los cuales son dignos, es sentirnos orgullosos y agradecidos de ellos, procediendo ante ellos con rectitud y temor de Dios.
 
Es muy gratificante saber que a través de cada mandato como este, Dios nos está demostrando su amor y su deseo de bendecirnos. Respecto a este precepto en particular, si honramos a nuestros padres, esto redundará en una relación más estrecha y libre con nuestro Padre Dios, y esto traerá gran bendición a toda nuestra vida. De la misma manera, al estar más cerca de Papá Dios, nuestro corazón se tornará cada vez más tierno y compasivo, para amar y respetar a nuestros padres. Además, todo lo que sembremos hoy con nuestros padres, lo vamos a cosechar de nuestros propios hijos, pues ellos repetirán exactamente lo que hayan visto en nosotros. Si anhela ser un hombre o una mujer próspera, llena de días, un padre amado y respetado por sus hijos, decida firmemente honrar a su Papá Dios y al hombre y a la mujer que Él le dio como padres; agradézcale a Dios por sus vidas y ámelos con todo su corazón. Tal vez, como ocurre en muchas casas, puede haber resentimientos por situaciones vividas en el pasado o que están aconteciendo en el presente; acérquese a Dios y pídale que sane su corazón respecto a sus padres, y luego acérquese a ellos y con un abrazo dígales que los ama y pida su perdón. Esto hará que usted se sienta libre y lo más grandioso es que está trayendo la bendición a su vida y a los suyos. Le irá bien en todo lo que emprenda y sus días se alargarán en la tierra.
 
HABLEMOS CON DIOS
 
“Señor, hoy recibo tu amor de Padre, completo y perfecto. Pido la llenura de tu Espíritu ahora, para dar a mis padres lo que con tanta generosidad recibo de ti. Amén”

 

Fecha: 01 noviembre de 2014

 
 
Jerusalén, La ciudad eterna
 
“Mira a Sion, ciudad de nuestras fiestas solemnes; tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus cuerdas será rota” (Isaías 33:20)
 
Pasaje Complementario: Salmo 125; Isaías 33:17
 
Dios en su Palabra invita insistentemente a mirar a Jerusalén, pues sabe que nuestro corazón es inconstante. Permanentemente necesita ser motivado por aquello que es salud, medicina y bendición para nuestra vida.
 
Es una promesa para toda persona que vuelva sus ojos, su interés y su cariño hacia la tierra del Pacto y de la bendición. Como recompensa sus ojos físicos también la verán. El que ama a Israel pisará su tierra y en cierta forma su vida se impregnará de paz por ser la ciudad de Dios. Pero no sólo encontramos reposo físico (descanso del cuerpo para recuperar las fuerzas perdidas) prometido en Isaías 66:14ª “Y veréis, y se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos reverdecerán como la hierba…”, sino también quietud; aquel reposo que todos anhelamos y que las almas luchan a toda costa por conseguir. Es la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, la paz que el mundo no da.
 
La ciudad de Jerusalén, aunque destruida muchas veces sin quedar piedra sobre piedra, se levantó una y otra vez y persiste hasta hoy hermosa y floreciente ¿la razón? Dios mismo, nuestro Padre había dicho de ella que no sería desarmada, ni arrancadas sus estacas, ni rotas sus cuerdas.
 
Así debe ser nuestra vida, como una ciudad cuyos cimientos están en Dios, cuyos muros son Él, cuyo rey es el Señor. Entonces nada, absolutamente nada podrá hacernos frente; nada ni nadie nos infundirá temor ni podrá hacernos daño.
 
HABLEMOS CON DIOS
 
Padre muchas gracias porque Tú eres mi torre fuerte. Así como sustentas a Jerusalén, así mismo sustentas mi vida. Eres mi fundamento en ti tengo mis fuerzas y mi esperanza. Hoy te ruego que mis ojos vean a Jerusalén, Amén.

30 de octubre de 2014.

 

Lo maravilloso de la Alabanza

 

“Bueno es alabarte, oh Jehová, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad cada noche” (Salmo 92:1-2)

 

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 96

 

Alabar es manifestar gratitud a alguien que le concede favores o le hace algún bien, también es elogiar la grandeza o poderío. Es decir la alabanza expresa un lenguaje maravilloso y único, manifestado a alguien que es digno. En el caso nuestro estamos hablando de alabar al único que es merecedor, y que no hay otro en los cielos y en la tierra: esto es nuestro Dios.

Los hijos de Dios tenemos muy claro, que ser agradecidos y fieles a nuestro Creador, es parte imprescindible de nuestro caminar diario con el Señor. Son innumerables los motivos que nos llevan a exaltar la bondad de nuestro Padre para con nosotros. La gratitud debe estar siempre en nuestros labios. Nunca será suficiente lo que le tributemos a Dios, pues bien lo dice el Salmo 148:13 “Alaben el nombre de Jehová, porque solo su nombre es enaltecido, su gloria es sobre tierra y cielos” y el 149:14 “Te alabaré, porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien”.  

Si estamos convencidos que Dios es grande, no podemos callar, pues no solamente se lo decimos a Él, sino también a otros, a los que conocemos, a nuestra familia y donde que vamos, porque todos, absolutamente todos somos deudores de las grandezas de su poder.

Tenemos que dar gracias a Dios siempre, no solo en los tiempos de bonanza, sino también en los percances, pruebas y dificultades que nunca faltan. ”Sea el nombre de Jehová bendito” fueron las palabras de Job cuando vivió tanto sufrimiento, al punto de perderlo todo. ¿Cómo reaccionaría usted ante una situación como ésta?

Sólo el hijo que confía y obedece de la manera como lo hizo Job, toma la actitud de alabar y adorar a Dios en medio del dolor. Cuando tengamos la suficiente fe para dirigirnos al Señor de esta manera, es cuando veremos que nada ni nadie podrá detener su mano para tomarnos y sacarnos aún de las más terribles calamidades de la vida. Así es como actúa Dios en la vida de los suyos.

Cuando se levante y se mire en el espejo, dele gracias a Dios y alábelo por estar con vida, salud, tener un techo, alimento, trabajo… en fin, tenemos tanto que podemos decir como el salmista: “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras…” (Salmo 139:14)

Recordemos que la alabanza deleita el espíritu, el alma y el cuerpo, quita el problema de nuestra vista y nos permite colocar nuestra atención en el amor, la fidelidad y el poder de nuestro omnipotente Dios. Mientras el Señor nos permita tener el regalo precioso de la vida ¡Alábele todos los días, a cada momento y en toda circunstancia!

 

HABLEMOS CON DIOS

“Te alabo y te bendigo Señor, no puedo dejar de alabarte, porque eres maravilloso, cada mañana me sorprendes con tus detalles de amor y fidelidad. Te alabo y te bendigo, y así lo haré todos los días de mi vida, Amén”.